¿HAY LUGAR PARA LA POESÍA EN UN MUNDO EN EL QUE LAS PALABRAS HAN PERDIDO SU ESENCIA?

Mas… turbaciones Mentales. Serie semanal.

Por Gilberto Castrejón Doctor en Filosofía de la Ciencia
Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia

Si atendemos a la tesis de Giovanni Sartori en su controvertido texto: Homo Videns, quizá sea cierto que en nuestra época se ha asistido a una especie de “destronamiento” de la palabra, en pos del cultivo de la imagen, finalmente, a pesar de que los medios electrónicos han potenciado los lazos comunicativos, parecería que muchos de los mundos extraordinarios que en otras épocas podrían permearse con las palabras, se han ido parasitando, de tal forma que incluso, puede que la poesía, el género literario que a la usanza de Heidegger, nos habla de la “esencia del ser”, no tenga cabida en un mundo como el nuestro; sin embargo, puede que no del todo es así.

Siempre he creído en la poesía, ésta ha formado parte de mi vida, de mis deseos, obsesiones o fracasos, por algo considero que es imposible que alguien quede exento de ella. Recuerdo las palabras de un excelente maestro y poeta: “La poesía es como la mierda, está en todas partes…”, y en efecto, lo más seguro es que a pesar de la mierda, y al igual que la belleza, la poesía está rodeándonos por todas partes, es decir, siempre hay lugar para la poesía cuando la realidad, incluso en su versión más desoladora o ruin, se precipita sobre nosotros. Creo que la poesía hay que concebirla como “algo que habita en el mundo”, que posee una existencia propia en el mundo exterior, sólo así puede entenderse por qué verdaderamente: las palabras adquieren presencia, y por algo: transforman y resuelven vidas. Como dijera el maestro Octavio Paz: <<No hay pensamiento sin lenguaje, ni tampoco objeto de conocimiento: lo primero que hace el hombre frente a una realidad desconocida es nombrarla, bautizarla.>> Así, a pesar de que, como dijera Bukowski: “Dios ha creado a muchos poetas, pero muy poca poesía…”, sólo los verdaderos poetas saben que son servidores de las palabras, que el poema es una “presencia” que habita en su interior, por algo éste deviene como una sustancia única del mundo: <<En la europsiquis plena de huéspedes entonces meandros de espera ausencia/ enlunadados muslos de estival epicentro/ tumultos extradérmicos/ excoriaciones fiebre de noche que burmua/ y aola aola/ al abrirse las venas/ con un pezlampo inmerso en la nuca de un sueño hay que buscarlo/ al poema>> (Oliverio Girondo). Sí, a pesar de todo, pienso que sigue habiendo lugar para la poesía, pues siempre ha resuelto y seguirá resolviendo vidas…

Si bien, atendiendo a lo dicho por Sartori en Homo videns, la cultura de la imagen es la dominante, parece ser que siempre hay “espacios poéticos” ocultos, pues nadie, incluso aquél “emancipado del sentir”, y representante fiel del “tercer milenio”, puede quedar exento de cualquier influjo poético. El lenguaje poético es un lenguaje primicio, no pertenece a ninguna época, es un espejo milenario de la historia que permite al hombre hablar desde las entrañas, aunque la poesía no sea precisamente un reflejo mecánico de la historia, pues la palabra posee una pluralidad de sentidos. He ahí que la poesía, en su epicentro nodal: el lenguaje, pueda dar, al menos, dos o más significaciones al mismo tiempo, pues no hay realidad más imposible que la poesía. Así, la poesía no es como muchas imágenes, que a pesar de todo resultan ambiguas, pues cabe señalar que la poesía siempre logra su cometido: <<El verso dice lo indecible. Es un tartamudeo que lo dice todo sin decir nada…>> Lo que podría llevarnos a una cuestión que muchos, pobres incautos víctimas del “principio de realidad”, podrían plantear: “¿para qué sirve la poesía?”: Para nada y para todo. La poesía construye imperios, no es ni lo banal ni lo abyecto del mundo, por algo puede ser también pensamiento:

El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia.
El oficio de la palabra
es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,
la posibilidad de que el mundo diga al hombre.
La palabra: ese cuerpo hacia todo.
La palabra: esos ojos abiertos.

Roberto Juarroz

Hace falta vivir poéticamente, pues siempre hay un lugar y un momento preciso para la poesía, para retomar nuevos bríos existenciales, a pesar de que, en apariencia, la esencia de la palabra ha ido parasitándose en un mundo como el nuestro.

Creo que la poesía, como todo acto de amor, que supongo es la esencia de cualquier acto que nos construye, es tan necesaria como la música, la ciencia, la tecnología o incluso el dinero (aunque éste a veces generalmente destruya mucho de lo humano que poseemos); la poesía es tan necesaria simplemente porque ayuda al hombre a ser más hombre, pues si la poesía es “el lenguaje del ser”: <<el ser del hombre contiene ese otro que quiere ser>>.

Y sí, creo en la poesía, y creo que es más que necesaria, pues pertenece a ese tipo de instancias básicas de la cartografía humana. <<Como la religión, la poesía parte de la condición humana original —el estar ahí, el sabernos arrojados en ese ahí que es el mundo hostil o indiferente— y del hecho que la hace precaria entre todos: su temporalidad, su finitud.>>

 

PD Dicen que la poesía está reservada para una edad temprana, que cuando se madura puede que uno quede exento de su embrujo; personalmente, considero que la poesía es el grado más alto de expresión, por esto y muchas otras cosas siempre estará ahí acompañándome, hasta el último día…

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