#LupaSocial – Una crisis psicótica

Sam R. Carbajal
Comunicóloga
Twitter: @samanthacarbaja

“Fui a surtir mi mercancía un sábado 2 de mayo a La Merced, una semana antes de que mi mami muriera”

Mydori N. hija de Irene N. dos comerciantes de comida que solían vender fuera de su hogar y como muchas otras personas en México con la situación actual, siguieron trabajando a pesar de la contingencia para poder mantenerse.

“Fui a comprarle carne para hacer tacos y que pudiéramos vender, cuando llegué, le comenté a mi mamá que sentía un poco reseca la nariz” a lo que Irene respondió que se sentía cansada, “Ella se metió a descansar y mi hermano y yo nos salimos a vender esa misma noche”, comenta Mydori.

Para el domingo, Irene, a pesar de no presentar ningún síntoma mayor, comentaba que se sentía cansada, mientras Mydori ya presentaba pérdida de olfato y gusto.

Irene era diabética y el lunes 4 de mayo su hija, Mydori, decidió llevarla a una consulta médica en la que el doctor les recetó un jarabe, Ambroxol y antibióticos “Mi mamá era diabética y no sabíamos que no podía tomar jarabe” afirma Mydori.

El miércoles 6 de mayo, ambas acudieron con la Dra. Lara por recomendación de una conocida y durante la consulta, la médico les comentó que dio positivo en Covid-19 semanas antes y que, justo ese mismo miércoles le permitieron regresar a dar consulta, pues se encontraba recuperada y fuera de riesgo.

Después de revisar los síntomas de las dos, la Dra. Lara aseveró que Irene no tenía Covid, pero contrario a ello, Mydori sí. Este diagnóstico previo lo otorgó basada únicamente en su falta de olfato y gusto.

Impulsada por la duda y el miedo, Mydori buscó un laboratorio privado para poder hacerse una prueba de Covid-19 y después de 4 días, el 10 de mayo se trasladó hasta el laboratorio “Salud Digna” en Coacalco, Estado de México, en donde le elaboraron la prueba con un costo de $1,300. Mydori no imaginaba que después de eso vendría todo el malestar y sufrimiento que el destino junto con este terrible virus tenía preparado para ella.

Los factores de mayor preocupación para la familia fueron que la tos ya no dejaba dormir a Irene y le faltaba el aire. Aunado a esta incertidumbre y con la esperanza de poder ayudar a su madre, Mydori la llevó con un “médico” que les aseguró que estarían bien, “El Covid no existe, es un invento, nos dijo” después de aquél comentario, sólo procedió a recetar algunas inyecciones para Irene.

“El lunes le hablamos al doctor porque mi mamá ya no podía respirar” afirma Mydori. “Le compramos un nebulizador, pero en la mañana ya tenía los dedos morados. Hablamos con una tía que es enfermera, llamamos a la ambulancia, pero no llegaba, marcamos al teléfono Covid y nunca contestaron. Después de eso se la llevaron a la Clínica 48 del IMSS, la internaron el 11 de mayo”

El martes 12 de mayo por la mañana, Mydori recibe una llamada en la que le informan que su madre había muerto por un paro respiratorio a las 9:30 am.

Irene N fue sepultada en el panteón Santa Lucía con un costo por servicios funerarios mayor a $12,000 y ese mismo día, Mydori N. recibe los resultados, a este punto más que obvios, de su prueba. Había dado positivo a Covid-19.

Después de esta pérdida vendrían dos más, la de su hermano, Yoshio N, que después de la muerte de su madre, quien afirma Mydori, “Era su adoración” sufrió una depresión que hizo que su estado de salud decayera aún más, y luego de acudir a varias citas médicas para ella, su hermano, padre e hijos, terminó con una cuenta médica cercana a los $16,000 diferidos en consultas y medicamentos que resultaron con Yoshio conectado a un saturador de oxígeno.

Después de noches sin dormir bien y niveles de temperatura alarmantes, Yoshio le comenta a Mydori “Ya no puedo más”. El 15 de mayo por la tarde fue internado en un hospital militar y luego de no tener una buena saturación de oxígeno, Yoshio N falleció el 16 de mayo a las 10:34 am con 34 años y una licenciatura en derecho que ha quedado inconclusa. La empresa en la que laboraba corrió con todos los gastos funerarios.

Al pasar de una semana y un día, Mydori vio partir ahora a su padre, Sabel N, quien ya venía cargando la pena por la muerte de aquellos a los que seguía amando, pero ya no estaban. “Le faltaba el aire y compramos un oxímetro que nos costó $1,500”.

Sabel vio pasar por él remedios caseros, medicinas, horas de reposo y un tanque de oxígeno completo que, al terminarse, parecía acabar también con su vida “Cuando el tanque se acabó le pusimos un concentrador de oxígeno, pero ya no le alcanzaba el aire”, comenta Mydori.

El martes 20 de mayo de 2020, Sabel N. falleció a las 5:00 pm, pero no fue hasta las 7:00 am del 21 de mayo que los servicios funerarios llegaron por su cuerpo, pues como les informaron “Todos los crematorios estaban saturados, no tenían en donde poner a mi papá” y fue que, después de la cremación, Sabel N dejó el corazón de Mydori completamente destrozado, un gasto de servicios funerarios cercano a los $15,000 y un taller de sastrería que tuvo que desalojar después de algún tiempo.

Como este caso, está el de Francisco N, un profesor de primaria que tuvo que dejar a “sus niños” como los llama cariñosamente, para guardar reposo alejado de su esposa e hijas, luego de dar positivo en Covid-19 con síntomas de vómito, dificultad para respirar, pérdida del gusto y dolor de cuerpo, los cuales se presentaron luego de consumir alimentos preparados en la calle.

Al asistir por cuenta propia a farmacias de genéricos para recibir consultas pues, según sus palabras “Irse a meter al ISSSTE ahorita está difícil” su cuenta de gastos médicos ascendió a $14,700 y una sensación incómoda de culpabilidad, pues ahora su madre también es positiva a este virus.

“Es una enfermedad bastante complicada, no solo en cuanto a salud. A partir de que me dijeron que estaba contagiado dejé de ver a mi familia. El jueves cumplo un mes sin verlas, nunca en mi vida me había separado tanto tiempo de mis hijas, es bastante complicado porque son mi adoración, no hay nada más importante para mí que ellas, es bastante difícil”

A pesar de ello, Francisco ha decidido afrontar el proceso de forma positiva y agradece haber tenido síntomas, pues de lo contrario, está consiente que pudo haber contagiado a muchas personas.

A día de hoy, su mensaje es directo y tajante “Con el Covid perdí la salud, mi tranquilidad, tiempo con mi familia, afectó mi economía y dejé de hacer mis planes con el dinero que tuve que ocupar para recuperarme. Si la gente supiera lo difícil que es esta enfermedad, no sólo para la salud sino en lo emocional, en lo económico, yo creo que se cuidarían más, si entendieran lo difícil que es pasar por aquí, la pensarían más”

Al igual que ellos, hay muchas otras personas que hemos fungido como víctimas de esta enfermedad y de forma personal, como creadora de este texto, el ejemplo más cercano que tengo para ofrecerles, es el caso de mis abuelos Francisca N y Raúl N.

El 2 de agosto de este año, mi abuela Francisca N, con Alzheimer y demencia senil, fue internada por la noche en la Clínica 48 del IMSS desde la cual fue remitida a un hospital psiquiátrico por una crisis psicótica, y en ese transcurso fue cuando el dolor se apegó a mi familia sin que pudiéramos prevenirlo.

Luego de 1 semana, mi abuelo, Raúl N, con EPOC y diversas enfermedades empezó a perder oxígeno y fuerza del cuerpo, su pecho roncaba al respirar y comenzó a sufrir de alucinaciones leves, después de 2 semanas sin dormir tomamos la decisión de llevarlo a un hospital sin imaginar que sería la última vez que lo veríamos con vida. Me despedí de él a lo lejos y al igual que el resto de mi familia, comencé a preparar mi mente para lo peor.

Al pasar de otra semana, el sábado 22 de agosto a las 2:30 pm, Raúl partió dejando en mi familia tranquilidad por la pausa de su sufrimiento, pero un sabor agridulce, igual al de las familias de Mydory N, Francisco N y de

las 84, 894 familias que a día de hoy han visto partir a alguien que aman por esta enfermedad.

Raúl N murió luego de ser contagiado por su esposa, Francisca N, quien, sin saberlo, pues era asintomática, contagió a todos los integrantes de mi casa, yo incluida, y todo esto pasó luego de su estancia en las clínicas a las que fue ingresada.

¿La enseñanza? A día de hoy parece ser nula, pues a título personal, no puedo evitar sentir coraje. Mi abuelo murió a pesar de no haber salido en más de seis meses de casa, la familia de Mydori ya no está y sólo querían seguir trabajando, Francisco se contagió por un descuido, Abraham N, Coordinador de Estadística del Hospital General de Venados con 49 años, se contagió sólo por trabajar en el sector salud y todos ellos han recibido poco más que ignorancia e indiferencia por parte de la gente.

“El Covid no existe” como dijo el “Médico” que atendió a Irene.

“Por favor no le digas a los papás de tus alumnos que tienes Covid” en palabras de la directora del colegio en el que imparte clases Francisco.

“Ya no tenemos termómetros para medirte la temperatura, los tiramos porque tenemos miedo”, era lo que decían a Abraham sus propios compañeros trabajadores del sector salud.

Lidiamos con estas opiniones a diario, al mismo tiempo que vemos a la gente en antros, playas, fiestas, tianguis y lugares públicos completamente relajados, pues se sienten y parecieran ser inmunes a la enfermedad y a la empatía.

Esta columna es para todos los que pasamos o están pasando por esto y cargamos en el pecho las consecuencias de una crisis psicótica, social y de salud.

Agradecimientos:

Mydory N, por abrir tu corazón conmigo después de todo lo que pasaste.

Francisco N, por acceder a la entrevista a pesar de los malestares, ahora has dejado una enseñanza en alguien más que tus alumnos.

Abraham N, por contarme tu experiencia sin dudar y por la incansable abor que realizas diario como personal médico.

Dedicatoria:

A mi papá, Raúl C. P. mi inspiración diaria desde hace años para seguir adelante y hoy más que nunca para no caerme. Tu cuerpo dejó la tierra hace casi dos meses y aún se siente vacío todo lugar que tuvo la fortuna de gozar con tu presencia.

Este texto representa todo lo que siempre presumiste a la gente de mí y parte de la promesa que hice cuando te fuiste, vivirá en estas letras hasta el último de mis días.

Te amo por todo, te amo para siempre.

Sam R. Carbajal.

Un comentario sobre “#LupaSocial – Una crisis psicótica

  1. Excelente reportaje tiene todo lo que que se puede esperar de una crítica o exposición de los hechos que están pasando en el país y la incompetencia del las autoridades y la ignorancia de la mayoría del pueblo mexicano muy buen trabajo mi felicitaciones a esta niña Samantha tiene todo buena investigación del tema le da sus tiempos para hacerlo más interesante leerlo

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