Al finalizar la clausura (suena a pleonasmo pero no lo es) de los Juegos Olímpicos, Carmen Aristegui dio a conocer su más reciente investigación periodística, bueno no «su», sino «su» de «su» equipo: la Tesis de nuestro (aunque nos pese) presidente.
De inmediato las redes (lugar favorito para informarse e inconformarse de los disfuncionales narcotizados según diría Marx) se llenaron de comentarios; los izquierdosos (o chairos) y los protopriístas (derechairos, peñabots, gavilleros priístas, según sea el caso), sacaron sus mejores comentarios (asegún). Para mi desgracia, tengo la mala costumbre (de acuerdo a los estándares que abanderan la filosofía del gobierno federal en turno) de leer las notas y no solo las cabezas; bueno pues mis ojos no soportaron tanto bodrio. Bodrios nacidos desde los más recónditos vientres del priísmo ultra precambrico. Bodrios nacidos desde los más recónditos vientres de la izquierda recalcitrante sesudo maoista.
Concuerdo con el hecho de que el…
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