SOBRE AQUELLO EN LO QUÉ LLENAR LA VIDA

Mas… turbaciones Mentales. Serie semanal.

Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia

Ralph Waldo Emerson ha sido uno de los escritores que más huella me ha dejado, en La conducta de la vida, éste menciona: “Siempre hay una manera mejor de hacerlo todo, incluso de conocer un huevo. Los modales son las maneras felices de hacer las cosas; primero un golpe de genio o de amor, luego repetido y endurecido por el uso. Al final forman un rico barniz con el que se limpia la rutina de la vida y se adornan sus detalles… Los modales son comunicables…” Dicen por ahí que adquirir un hábito o disciplina es bastante sencillo, sólo se trata de hacer lo mismo todos los días, mínimo veinte minutos, e ir aumentando el tiempo, y después de veinte o treinta días dicha actividad ya será rutina, algo cotidiano.

Digo todo lo anterior porque recuerdo una charla con una sobrina, la cual se encontraba en esas edades en las que “te quieres comer el mundo de un solo bocado”. Si bien ella, como todos los de su edad, estaba llena de sueños y planes, lo que intenté señalarle no fue una estrategia para lograrlos, sino una mirada atenta a su presente, pues como dicen también por ahí: “quieres comprender tu pasado, ¡mira tu presente!, quieres conocer tu futuro, ¡mira tu presente!” La estrategia es simple, acaso una especie de mayéutica socrática, pues la primera cuestión es bastante básica: ¿con qué llenas tu cotidianidad?, es decir, ¿en qué te ocupas?, ¿qué tipo de temas acostumbran “digerir” y dialogar tú y tu círculo familiar y de amigos?, ¿cómo organizas tu día a día? Cualquiera de nosotros podría responder a dichas cuestiones, lo que primero habría de identificar es si existe coherencia entre ciertos anhelos y sueños y la respuesta dada.

Hasta aquí, debo señalar que por algo es que comencé remitiéndome al gran escritor norteamericano, pues como él, pienso que lo primero de lo que se trata es de “aprender a comportarse”, ya que a pesar de tener o no un origen en cierta escala social incómoda, eso no nos exime de saber comportarnos, de ahí por tanto adquirir hábitos y conductas que nos marquen ciertos senderos propicios para potenciar lo que somos. El “viejo indecente” Bukowski, merodeador de cantinas de “mala muerte” en la película “Barfly”, y personificado por el actor Mickey Rourke, desprecia y siempre pelea con un cantinero, sólo porque, como él mismo lo expresa: “representa todo lo que odio: es macho, vulgar, ignorante…” A diferencia de Bukowski, que tiene clase. Quizá nosotros también deberíamos de luchar contra todo lo corriente y vulgar, contra toda ignorancia. ¿Hace falta decir que si uno aprende a comportarse, adquirirá buenos hábitos y por ende, llenará su vida con cosas, personas y realidades que realmente valgan la pena?

“Erradica de tu vida todo lo nocivo y que como un lastre no te deja avanzar”, he aquí una primera respuesta a la cuestión. Si alguien, sea hijo, esposa, hermano, etc., tolera el abuso, quizá es porque piensa que se lo merece, es decir: no merece nada, y por tanto eso es lo que obtiene de la vida. Si alguien erradica de su vida los libros, los paisajes sublimes o las noches de luna llena, tal vez también erradique de su vida el amor o la poesía, y quizá lo haga porque cree que no está hecho para eso, puesto que existen otras cosas más importantes, ya que lo más seguro es que dicha persona ha sido convencida por el “principio de realidad”. En este sentido, surge la pregunta: ¿con qué llenar tu vida?, con lo que uno guste, siempre y cuando construya, lo destructivo sólo conduce a llenar vacíos con otros vacíos. Por algo no hay que desconfiar de quien “se cree mucho”. Como dice Emerson: “La base de los buenos modales es la confianza en sí mismo.” Quien agrede con su presencia sólo será uno más en el relato de la vida; quien alumbra los espacios que habita quizá ha entendido que sabiendo comportarse, adquirirá las armas que lo conduzcan por un camino que él mismo traza en su día a día, pues siempre intentará llenarse con la abundancia, no con la escases que da la vulgaridad, la superficialidad y lo primitivo que puede llegar a ser un ser humano.

PD Debo decir que la charla con esa sobrina aún no ha terminado, como muchas otras que acaso he entablado con el espejo…

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