ACERCA DE LOS OBJETOS

Mas… turbaciones Mentales. Serie semanal.

Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia

Georges Perec, en una extraordinaria novela de 1965: Las cosas, anticipa muchas de las obsesiones que subyugan a los individuos del “tercer milenio”, esa ansiedad por los objetos, imposible de satisfacer completamente, y que más bien nos define simbólicamente como “homo economicus”, pues precisamente, nuestra relación con los objetos, vinculada a cierta proyección de “sueños burgueses”, refleja mucho de lo que a su vez define las relaciones que establecemos con los otros… En atención a los objetos que rondan nuestra cotidianidad, y de cómo nos relacionamos con éstos, es que quisiera acuñar unas cuantas palabras.

Comencemos desde el principio, cualquiera que guste de la obra de Chuck Palahniuk sabe cómo y por qué Tyler Durden, emblemático personaje de The Fight Club, dice sin tapujos: “Las cosas que posees acaban poseyéndote…” ¿Realmente resulta clara la sentencia? ¿Quién no soñó de niño y adolescente con poseer cosas, creyendo que éstas definirían mucho de lo que somos? Y es que, todos necesitamos “estar in”, por lo que aquéllos que no posean ciertos objetos propios de nuestra época: “estarán out” jejeje, así de simple y contradictorio resulta. Lo cierto es que dicha ansiedad inducida por poseer objetos, a la vez de nuestra relación con ellos, condiciona la manera de relacionarnos o no, con nuestros semejantes, incluyendo amigos y familiares.

Quisiera complementar lo anterior con una anécdota. Hace unos días, asistí a consulta con el médico, y dado que no me agrada esperar sin hacer nada, siempre me llevo un libro, lo cierto es que la sala estaba atiborrada de gente, y la mayoría, a pesar de por ejemplo estar en familia o en pareja, se sumergían en “el mundo que su común aparatito les brinda”, y creo que todos sabemos a cuál aparatito me refiero, y aunque si bien, la escena que cuento resulta común desde hace mucho, lo que quisiera resaltar es cómo se desenvolvía la relación entre los individuos, lo cual define una superficial interacción. Claro, la gente de mi generación (X), concibió, de principio, como una herramienta a la mayoría de los “artefactos tecnológicos” del tipo mencionado, me pregunto, ¿cómo los conciben actualmente las nuevas generaciones, y a su vez, cualquier miembro de otra generación? Insisto, para nada estoy en contra de que alguien posea artefactos de ese tipo, de todos modos, éstos deberían obedecer a las necesidades de los individuos, aunque en mi caso, los artefactos de ese tipo no obedecen a mis necesidades, las cuales son muy parcas, y ya no hay artefactos en el mercado que sólo sirvan para hacer llamadas, que sólo los use uno para eso, como inicialmente fueron creados, pero ese es mi problema jejeje. Finalmente, creo que para nadie ha de ser muy agradable la experiencia de platicar con alguien que constantemente mira o hace algo con su artefacto, o que éste “le suene” a cada rato, ¿eso cambia nuestra manera de relacionarnos? Como dice Naief Yehya en Tecnocultura: “Nada nos libera tanto como la tecnología. Nada nos esclaviza tanto como la tecnología.”

En un sentido más amplio, los objetos constituyen un <<universo simbólico que establece formas de ser y hacer>>, y poseerlos aparentemente puede ampliar nuestro horizonte de definición, de manera que, dada la estructura de nuestras sociedades, llegamos a sentir que éstos nos hacen la vida más sustanciosa y llevadera, a la vez de crearnos mundos ficticios por donde transitan deseos, obsesiones, decepciones, tropiezos, etc. Como Jerôme y Sylvie, los personajes de la novela de Perec, que sueñan con ser ricos y vestir, percibir y actuar como la gente rica, a través de la posesión de objetos, esos sueños de dicha y bienestar creados por una cultura consumista, en donde “la satisfacción por la posesión de cosas nunca termina…”, lo que nos lleva a parafrasear las palabras de Tyler Durden: “Tú no eres tu auto, tú no eres tu iPad, tú no eres tu pantalón caqui, tu chaqueta Armani, tu peinado de Jennifer Lawrence, no eres tu casa en Las Lomas, ni tu pantalla plana de 80”, ¿qué eres?”

Los objetos, aunque nos pese: claro que nos definen, por ejemplo, no es lo mismo amar al arte como “objeto que se posee”, que como “objeto que se disfruta y que a su vez nos extasía”; no es lo mismo tener el auto de moda, “por necesidad de estar a la moda, y por status (sea lo que sea que eso signifique)”, que por el simple gusto de “tener un auto que me gusta y cubre mis necesidades”. Yo por eso me voy a disfrutar del olor de las páginas y de las pastas duras de mi edición conmemorativa de Rayuela, que leerla de nuevo es lo de menos, pues me interesa más poseer al libro como objeto jejeje.

PD Algo así a como dijera Jean Baudrillard en El sistema de los objetos, el drama actual de nuestra vida cotidiana gira en torno de la repetida mortalidad de los objetos-signo.

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