EL CONOCIMIENTO COMO VALOR

Mas…turbaciones mentales. Serie semanal.

Por Gilberto Castrejón Doctor en Filosofía de la Ciencia
Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia
Twitter: @gil_castrejon

Hace varias décadas, cuando era un adolescente, comencé a desarrollar el hábito de siempre cargar un libro, de ahí que podía ser un “autista” en el transporte público o en cualquier sala de espera…, por lo que muchos de mis interlocutores notaban a mi singular acompañante, y en ocasiones, no perdían la oportunidad para externar su opinión al respecto. Lo anterior fue el caso del padre de un amigo, quien varias veces intentó disuadirme de la poca necesidad de “leer y saber mucho”; y es que según el señor: “de qué servía saber mucho si uno no lo va a aplicar…”, su único ejemplo tenía que ver con que uno de sus amigos, que tenía muchos libros y “sabía mucho”, no aplicaba para nada su conocimiento, pues sólo se la pasaba en su casa…, y sí, hasta ahí terminaba su “argumento”. Claro, fue el mismo señor que criticó a su hijo por leer un libro de Vicente Huidobro (Altazor), que yo le había prestado, con el argumento de que “leía puras incoherencias”. Menciono esta anécdota porque precisamente considero que, en gran parte, así como hay una equivocada percepción social con respecto a las drogas y otros chismes, así la hay para con aquellos que poseen un cierto conocimiento más allá del que cualquier “ciudadano de a pie” posee, lo cual según yo, se debe, en parte, a cómo en nuestra sociedad se ha instalado la idea de no ver al conocimiento como un valor, y de ahí las equivocadas valoraciones sobre los individuos que poseen conocimiento.

Generalmente, existe la siguiente identificación: valor=bien, en este sentido, algo es valioso porque lo preferimos con respecto a otras cosas, por algo el amor, la amistad, la templanza, la bondad, la justicia…, al ser valores, preferimos las “cosas que los encarnan”, y por tanto, en un sentido amplio: todos debemos valorarlas. Una vez comentaba con mis alumnos de ética, que si le preguntáramos a un científico, a un artista, a un juez, a un deportista, a un ingeniero, a un actor porno, a un barrendero, a un policía, a nuestro abuelo…, si leer es bueno, la mayoría, si no es que todos, responderían que sí, que es bueno leer, cultivarse, pero entonces, paradójicamente: ¿POR QUÉ NO LO HACEMOS? Quizá porque, como pudimos concluir, adquirir conocimiento, cultivarse, disfrutar de la belleza y la libertad, es una responsabilidad personal, que implica esfuerzo e invertir tiempo,  y a su vez, implica una responsabilidad más alta que el que no sabe. Claro, alguien puede aseverar que sólo aprende lo que le es útil, ¿qué acaso no hay algo más útil que el conocimiento per se? Sólo recordemos que si bien, no estamos obligados a saber algo, a poseer conocimiento, tampoco estamos obligados a ignorarlo. Pero ignorar, ser ignorante, implica en cierto sentido carecer de poder, de libertad, incluso de credibilidad, entre tantas otras cosas. Se equivocan quienes creen que ignorar es sinónimo de felicidad, como tampoco el conocimiento puede traer la felicidad, pero sí puede ayudar a aclararnos el camino hacia ésta.

Finalmente, supongo que muchos tendrán cualquier colección de argumentos para justificar el por qué muchas veces, aquellos que poseen conocimiento no necesariamente son dignos representantes de cierta altura ética, dirán que “se creen mucho”, que “son soberbios”, que “siempre quieren imponer su opinión”, que “son presumidos y se burlan de los demás”, etc., etc. Sólo recordemos que ciertos rasgos de personalidad no son el efecto de poseer conocimiento; hay tanta gente soberbia y así en todos los ámbitos. El problema con no querer saber, es el mismo, creo, con creer que se puede pero en realidad no se puede, pues es un hecho que la gente que sabe, siempre podrá, en cambio, la que no sabe… 

Cometemos un error en darle connotaciones negativas al conocimiento y a quienes poseen conocimiento, parecería que en nuestra sociedad la ignorancia es una virtud, por algo hasta los niños y adolescentes “ven con buenos ojos” no saber matemáticas, no saber escribir, no saber leer. En todo caso, de quienes habría que burlarse, que mofarse, es de los ignorantes, de los prejuiciosos. 

PD Como siempre igual y no me hagan caso, seamos felices ignorando, por algo cada uno de nosotros ocupa su lugar preciso en el mundo…

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