La OMS desaconseja el uso de edulcorantes no calóricos para controlar el peso o prevenir enfermedades, tras revisar la evidencia de mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades

Evidencia científica respalda incluir en el impuesto a las bebidas azucaradas a las

bebidas que contienen edulcorantes no calóricos, a fin de proteger la salud

 La OMS desaconseja el uso de edulcorantes no calóricos para controlar el peso o prevenir

enfermedades, tras revisar la evidencia de mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades

cardiovasculares y mortalidad.

 En México, aumenta el consumo de bebidas “light” o “cero”, lo que perpetúa la preferencia por

el sabor dulce y no contribuye a disminuir la obesidad.

 Gravar también las bebidas con edulcorantes no calóricos evita que las reformulaciones no

saludables queden exentas de esta política.

 El Paquete Económico 2026 propone elevar el IEPS a $3.08 pesos por litro y extenderlo a

bebidas con edulcorantes bajos o sin calorías, cerrando un vacío que la industria aprovecha.

Ciudad de México, a 25 de septiembre de 2025.- En México, el consumo de bebidas endulzadas

representa una de las principales amenazas para la salud pública. Desde 2014 existe un impuesto

a las bebidas azucaradas que ha demostrado eficacia para reducir su compra y prevenir

enfermedades, sin embargo, la industria ha promovido con fuerza las versiones “light”, “cero” o “sin

azúcar” como alternativas supuestamente saludable, productos que actualmente no cuentan con

un impuesto especial.

La evidencia científica acumulada demuestra que los edulcorantes no calóricos (ENC) no son una

solución para el control de peso ni para prevenir enfermedades crónicas, y pueden representar

riesgos adicionales para la salud. Por ello, es muy importante que la propuesta incluye a las

bebidas que utilizan estos edulcorantes, cerrando la puerta a estrategias de evasión y garantizando

una política fiscal coherente con la protección integral de la salud.

México mantiene una de las tasas más altas de obesidad y diabetes en el mundo. La ingesta de

bebidas endulzadas -sean endulzadas con azúcar o con edulcorantes no calóricos- incrementa el

riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles y síndrome metabólico.

Las versiones “light” o “cero” han ganado mercado y muchas personas las perciben como incluso

“saludables”. Sin embargo, su consumo no ha demostrado beneficios sostenidos en reducción de

peso ni en la prevención de diabetes, mientras contribuye a mantener el gusto por el sabor dulce,

lo que dificulta adoptar patrones alimentarios saludables.

Esta tendencia amenaza con neutralizar los avances logrados por el impuesto a las bebidas

azucaradas, ya que los consumidores migran a productos que conservan el perfil de riesgo y que,

de no gravarse, seguirán impulsando el mercado de bebidas endulzadas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su directriz de 2023, refiere que los edulcorantes

no calóricos no ofrecen beneficios a largo plazo en la reducción de grasa corporal en adultos

o niños. Por el contrario, su consumo habitual se asocia con:

 Mayor riesgo de diabetes tipo 2. Estudios de cohortes observacionales reportan

incrementos de hasta 23–34 % en el riesgo.

 Aumento en eventos cardiovasculares y mortalidad. Se han documentado riesgos entre

19 % y 32 % más altos  Alteraciones en la microbiota intestinal y en la respuesta metabólica, que favorecen

alteraciones como la intolerancia a la glucosa.

 Mayor incidencia de parto pretérmino cuando se consumen en el embarazo.

Lejos de ser una alternativa saludable, las bebidas con edulcorantes no calóricos pueden

contribuir al desarrollo de los mismos padecimientos que se busca combatir.

El impuesto a las bebidas azucaradas de 2014 fue pionero y efectivo. Sin embargo, la industria ha

respondido con reformulaciones que únicamente reemplazan el azúcar por edulcorantes no

calóricos para mantener el sabor dulce y evitar el gravamen. De no ampliarse el impuesto a estas

bebidas:

 Se continuará perpetuando el gusto por el dulzor en la dieta, obstaculizando un cambio de

hábitos, y dificultando la aceptación de alimentos más saludables, especialmente cuando se

consumen desde la infancia.

 Se creará un incentivo económico para la sustitución no saludable, manteniendo riesgos

de salud para la población.

 Se perderá recaudación que podría destinarse a fortalecer programas de salud y prevención.

La propuesta del Paquete Económico 2026 de incluir estas bebidas en el IEPS y aumentar la cuota

a $3.08 pesos por litro es coherente con la evidencia científica y las recomendaciones de

organismos como la OMS y la OPS, que llaman a gravar todos los productos que contribuyen a

una alta ingesta de azúcares libres o a la preferencia por el dulzor.

En respuesta a diversos medios y voceros de la industria que han difundido mensajes sin sustento,

entre los que se encuentran: “Los edulcorantes son inocuos y ayudan a bajar de peso”, “No elevan

la glucosa, ni afectan la microbiota”, “Gravar estas bebidas afectará a los más pobres”, etc. la

evidencia científica es contundente: los edulcorantes no calóricos no son una alternativa

saludable. Su consumo prolongado se asocia con alteraciones en la microbiota intestinal, riesgos

metabólicos y cardiovasculares, y poca o nula efectividad como medida para la reducción del peso.

La inclusión de bebidas con edulcorantes en el paquete de impuestos saludables es una medida

de salud pública necesaria para proteger a la población, prevenir la evasión regulatoria, y reducir

el atractivo del sabor dulce en la dieta mexicana. Además, previene enfermedades que hoy afectan

desproporcionadamente a los hogares de menores ingresos, quienes fueron los que más redujeron

su consumo cuando se implementó el impuesto a las bebidas azucaradas en 2014.

El impuesto, acompañado de medidas compensatorias y de transparencia en el uso de

recursos, no es regresivo: es una herramienta de equidad en salud.

De acuerdo con las recomendaciones internacionales, gravar las bebidas que contienen

edulcorantes no calóricos no debe ser una medida aislada, sino parte de una estrategia integral

que incluye:

 Etiquetado frontal de advertencia.

 Regulación de la publicidad dirigida a niñas, niños y adolescentes.

 Entornos escolares saludables.

 Fomento del consumo de agua potable y alimentos frescos.

 Programas de educación para disminuir la preferencia por sabores intensamente dulces.

Solo así se logrará reducir de manera sostenida el consumo de bebidas endulzadas y

prevenir enfermedades crónicas y otros daños en la salud poblacional.

Contacto prensa:

Rosa Elena Luna cel. 55-2271-5686;

Diana Turner cel. 55-8580-6525;

Denise Rojas cel. 55-1298-9928

EVIDENCIA CLAVE

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