Ivonne López Vázquez, CEO y fundadora de Estimada Rebel, afirma: “La confianza no es un rasgo con el que naces. Es una habilidad que se entrena —o se limita— a partir de lo que el entorno permite, refuerza o sanciona. Y esa diferencia empieza mucho antes de entrar al mundo laboral”.

Desde la infancia hasta el salario: cómo se construye la brecha de confianza

·     Entre los 8 y 14 años, la confianza de las niñas cae, mientras la de los niños se mantiene estable.

·     Sólo el 32% de las mujeres negocia su salario, frente a 49% de los hombres

Ciudad de México, a 10 de abril de 2026.- Cada 30 de abril celebramos a las infancias. Les decimos que pueden ser lo que quieran, que su voz importa, que el mundo es suyo. Sin embargo, hay una pregunta incómoda que pocas veces se hace: ¿realmente les estamos enseñando a confiar en su voz y ocupar espacio, o a no incomodar?

Desde muy temprano, niñas y niños reciben mensajes distintos sobre liderazgo, autonomía y la forma en la que pueden participar en el mundo. Mientras a ellos se les permite explorar, equivocarse y competir, a ellas se les enseña a agradar, a cuidar y a adaptarse. No es un mandato explícito, pero sí constante, y con el tiempo termina moldeando la manera en que unas y otros se relacionan con su propia voz, con la toma de decisiones y con el espacio que consideran legítimo ocupar.

La evidencia es consistente: la confianza no es una diferencia natural, sino una construcción social. Esa forma de aprender a estar en el mundo no se queda en la infancia; con el tiempo se vuelve visible —y también medible.

Distintos estudios muestran que, aunque en los primeros años niñas y niños reportan niveles similares de confianza, algo cambia en el camino: entre los 8 y los 14 años, la confianza de las niñas disminuye de forma significativa, mientras que la de los niños se mantiene relativamente estable (The Confidence Code for Girls)[1]. Para la adolescencia, la brecha ya es clara: ellos tienden a reportar mayores niveles de autoestima en etapas clave de desarrollo. Es el resultado de años de socialización.

Ivonne López Vázquez, CEO y fundadora de Estimada Rebel, afirma: “La confianza no es un rasgo con el que naces. Es una habilidad que se entrena —o se limita— a partir de lo que el entorno permite, refuerza o sanciona. Y esa diferencia empieza mucho antes de entrar al mundo laboral”.

En el mundo profesional, la confianza es una herramienta. Es lo que permite levantar la mano, tomar decisiones y sostener una postura, pero también —y sobre todo— negociar. Y ahí la brecha se vuelve concreta. Un análisis reciente de la plataforma JobLeads[2], muestra que solo 32% de las mujeres negocian su salario, frente a 49% de los hombres. Incluso en términos de percepción, la diferencia es clara: 42% de las mujeres reportan no sentirse cómodas negociando, frente a 33% de los hombres.

La brecha no empieza en la negociación, sino antes. Desde el proceso de búsqueda de empleo ya se observan diferencias. Según el estudio ya mencionado, las mujeres tienden a aspirar a salarios aproximadamente 10% menores y a postularse a menos posiciones y de menor remuneración, lo que puede traducirse en una brecha salarial de hasta 15% desde ese punto inicial. Esta dinámica no se explica por una menor preparación. Aun con niveles similares de formación, distintos estudios muestran que las mujeres suelen postularse menos a nuevas oportunidades si no cumplen con todos los requisitos y reportan menor confianza en procesos clave como entrevistas o en la comunicación de sus logros, lo que refuerza y amplía la brecha a lo largo de la trayectoria profesional.

No es menor que, en este contexto, México ocupe el lugar 109 de 146 países en participación y oportunidades económicas para las mujeres, de acuerdo con el Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial. La confianza, la disposición a negociar y la forma en que se toman decisiones profesionales no pueden entenderse al margen de estas condiciones.

“La confianza no es un tema de personalidad, es una condición para participar en el mundo laboral en igualdad de circunstancias. Cuando no se desarrolla, no solo limita a las personas: limita quién accede a oportunidades, quién decide y quién avanza”, afirma López Vázquez.

Aquí es donde la conversación suele simplificarse. Con frecuencia se habla de “empoderar a las mujeres” o de “trabajar su confianza” como si fuera un tema individual, cuando en realidad el problema no empieza en la vida laboral, sino mucho antes. Desde la infancia, muchas niñas aprenden a dudar antes de hablar, a pedir permiso en lugar de decidir y a esperar validación antes de actuar. Con el tiempo, esa forma de relacionarse con el mundo se traduce en algo más profundo: una menor disposición a negociar.

Hablar de niñas en el Día del Niño no es excluir, sino hacer visible una diferencia que tiene consecuencias reales. Al crecer, aprendemos diferentes aspectos sobre poder, voz y agencia, y esa diferencia se traduce, con el tiempo, en quién decide, quién negocia y en qué condiciones participa en el mundo laboral.

Si queremos más mujeres liderando, tomando decisiones y construyendo trayectorias propias, no basta con decirles que pueden. Implica enseñarles a expresar desacuerdo sin culpa, a decidir sin depender de validación constante y a entender que negociar no es ser difícil, sino tener claridad sobre su valor.

También exige revisar los mensajes que seguimos replicando: la idea de que el liderazgo femenino debe ser “suave”, que hablar de dinero es incómodo o que pedir más puede cerrar puertas. Estas narrativas no solo moldean comportamientos, sino que delimitan, desde etapas tempranas, lo que se percibe como posible.

Los efectos de esta diferencia no son menores. En países de la OCDE, incluso cuando las mujeres alcanzan niveles educativos similares o superiores, sus ingresos siguen siendo, alrededor de 12% menores que los de los hombres.

La pregunta, entonces, no es solo qué queremos que las niñas sean en el futuro, sino qué les estamos enseñando hoy sobre su lugar en el mundo. Porque la confianza no es un punto de partida, sino una construcción, y transformarla no es solo tarea individual, sino una conversación pendiente.

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Estimada Rebel es la plataforma de mentoría para el crecimiento profesional de las mujeres. Las acompaña a atravesar desafíos como fortalecer su confianza y tener voz en entornos corporativos, cuando les toca ser líderes, o hacer una transición de carrera sin perder capital. Aplicando su metodología Rebel Shift transforman el desarrollo profesional de las mujeres, integrando confianza e inteligencia emocional con marca personal, negociación y lenguaje de negocios.

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