Las mujeres sí negocian. El problema es el costo de hacerlo
Con la temporada de revisiones salariales reaparece una explicación tan vieja como simplista: las mujeres “no se atreven a pedir” aumentos o ascensos. La evidencia muestra otra cosa: sí piden. El problema es cómo responde el sistema cuando lo hacen.
Ciudad de México, junio de 2026 — Como cada mitad de año, miles de empresas en México entran en temporada de evaluaciones y ajustes salariales. Y reaparece una de las explicaciones más simplista sobre la brecha salarial: las mujeres no negocian, no se atreven, no levantan la mano. La desigualdad, según esta narrativa, sería una falla de ellas.
La evidencia internacional reciente desarma esa idea. Una investigación publicada en 2024 por las universidades de Berkeley y Vanderbilt, con cerca de 2,000 egresados de escuelas de negocios, encontró que las profesionales altamente calificadas negocian al menos tanto como sus pares hombres. Sí piden. La pregunta entonces es qué ocurre cuando lo hacen.
Lo que sucede tiene nombre: penalización social. Cuando un hombre negocia con firmeza, suele verse como ambicioso y seguro de su valor. Una mujer que actúa igual, con las mismas palabras y el mismo tono, corre el riesgo de ser vista como difícil o agresiva. La conducta es la misma; la lectura, no.
“Durante años nos dijeron que no crecíamos porque no lo pedíamos. Es una creencia caduca y superficial, afirma Ivonne López Vázquez, fundadora y CEO de Estimada Rebel. “La verdad es que sí pedimos. Lo que cambia es el costo: la mujer que negocia llega a vivir un castigo social. Esa sensación de ‘no me corresponde pedir’ no es falta de ambición ni de carácter; es una respuesta aprendida después de vivir, una y otra vez, las consecuencias de romper con lo que todavía se espera de nosotras.”
En México, los datos confirman la dimensión del problema. Según el INEGI, en el segundo trimestre de 2025 el ingreso laboral mensual promedio de las mujeres fue 19.9% menor al de los hombres; al sumar otras fuentes de ingreso, como rentas y negocios, la brecha se amplía a cerca del 35%.
Pero el dato más incómodo es otro: negociar, por sí solo, no la cierra. Según el estudio de Berkeley y Vanderbilt, las mujeres negocian tanto como los hombres y aun así ganan alrededor del 22% menos. Si quienes piden igual reciben menos, el problema no está en ellas, sino en un sistema que responde distinto ante la misma conducta. Como ha señalado el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), las mujeres no eligen salarios más bajos, es una desigualdad estructural.
“En mi experiencia asesorando a mujeres dentro y fuera de México, veo algo que se repite: cuando una mujer no negocia, se asume que le falta ambición; cuando sí lo hace, se le castiga por salirse de lo que se espera de ella”, señala López Vázquez. “Por eso, en Estimada Rebel no hablamos de ‘motivarlas a atreverse’. Hablamos de dar contexto, información y herramientas. Cuando una mujer entiende que el castigo no habla de ella, sino del sistema, negocia desde otro lugar.”
El tema está vivo en la agenda pública: tras las iniciativas impulsadas por la presidenta Sheinbaum, la definición de brecha salarial se incorporó al marco legislativo, aunque el Congreso aún tiene pendiente la legislación secundaria para hacerla operativa. Mientras esa discusión avanza, la invitación de Estimada Rebel es a mover el foco: dejar de preguntar por qué las mujeres no piden, y empezar a revisar por qué, cuando piden, el sistema les responde distinto.
Estimada Rebel es la plataforma de mentoría para el crecimiento profesional de las mujeres. Las acompaña a atravesar desafíos como fortalecer su confianza y tener voz en entornos corporativos, cuando les toca ser líderes, o hacer una transición de carrera sin perder capital. Aplicando su metodología Rebel Shift transforman el desarrollo profesional de las mujeres, integrando confianza e inteligencia emocional con marca personal, negociación y lenguaje de negocios.




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