En Fundación Herdez esa labor cobra vida todos los días a través de Alejandro Portilla, responsable en Ciudad de México de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana, y Deyanira Zapata, encargada de la Biblioteca Casa Doña María Pons, sede en San Luis Potosí. Desde ambos recintos comparten una misma misión: preservar y poner al alcance del público uno de los acervos especializados en gastronomía mexicana más importantes del país.

Bibliotecas que preservan historias, bibliotecarios que las mantienen vivas

Toda biblioteca guarda mucho más que libros. Entre sus estantes conviven historias, recetas, investigaciones, memorias y conocimientos que han viajado de generación en generación. Son espacios donde la curiosidad encuentra respuestas y donde una simple consulta puede convertirse en el inicio de un nuevo aprendizaje. Detrás de esa experiencia existe una figura que pocas veces ocupa el centro de la conversación, pero que hace posible ese encuentro entre los individuos y el conocimiento: el bibliotecario.

Cada 20 de julio, en México se conmemora el Día Nacional del Bibliotecario, una fecha que reconoce la labor de quienes dedican su vida a organizar, preservar y compartir el conocimiento. Su trabajo trasciende la clasificación de libros: implica orientar investigaciones, conservar el patrimonio documental, acercar la lectura a nuevos públicos y, sobre todo, acompañar a las personas para que localicen la información que realmente necesitan.

En Fundación Herdez esa labor cobra vida todos los días a través de Alejandro Portilla, responsable en Ciudad de México de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana, y Deyanira Zapata, encargada de la Biblioteca Casa Doña María Pons, sede en San Luis Potosí. Desde ambos recintos comparten una misma misión: preservar y poner al alcance del público uno de los acervos especializados en gastronomía mexicana más importantes del país. 

Para Alejandro desde hace tres décadas, descubrir que esta profesión podía vincularse con prácticamente cualquier área del conocimiento fue suficiente para saber que había encontrado su vocación. “Cuando me explicaron que esta carrera no estaba cerrada a una sola área y que podía relacionarla con cualquier disciplina, entendí todo lo que podía hacer. Con el tiempo comprobé que realmente es así y eso es lo que me ha motivado durante estos 30 años”.

Una motivación similar encontró Deyanira ya que lo que comenzó como un gusto por la organización y la lectura se convirtió en una profesión dedicada a despertar la curiosidad de otras personas. “Me gusta que la gente se emocione con lo que encuentra y quiera leer. En estos tiempos, cuando muchos buscan todo en internet, lograr despertar esa curiosidad también emociona”.

Esa vocación cobra un significado especial en las bibliotecas especializadas. A diferencia de una consulta general, estos espacios profundizan en áreas específicas del conocimiento y reúnen colecciones cuidadosamente construidas para responder a las necesidades de investigadores, estudiantes, profesionales y cualquier persona interesada en un tema particular.

Las bibliotecas de Fundación Herdez resguardan colecciones especializadas en gastronomía mexicana que reúnen recetarios históricos, investigaciones, publicaciones sobre nutrición, turismo, botánica, cultura alimentaria y literatura. Más que concentrar información sobre un solo tema, ofrecen un espacio para comprender la cocina mexicana desde múltiples disciplinas. 

Para Deyanira “una biblioteca especializada no busca abarcar todos los temas, sino profundizar en ellos. Nuestro trabajo es acompañar al usuario para encontrar exactamente la información que necesita”.

Ese acompañamiento asimismo implica seleccionar cuidadosamente cada nuevo título, mantener actualizadas las colecciones y preservar materiales que, en muchos casos, representan testimonios únicos de nuestra historia culinaria. Ese trabajo constante ha permitido que el acervo de la Biblioteca de Fundación Herdez en Ciudad de México crezca de cerca de 1,500 títulos a más de 8,200 obras especializadas, sin perder de vista el objetivo de conservar materiales relevantes para las generaciones presentes y futuras. 

Detrás de cada libro hay horas de clasificación, revisión y conservación para que pueda seguir siendo consultado muchos años después de haber llegado a los estantes. “El tiempo siempre será el enemigo de los libros. También debemos protegerlos de la humedad, la luz y las plagas. Cada material requiere cuidados específicos para conservarse en las mejores condiciones”, destaca Alejandro

En un momento en que la información parece estar disponible en cuestión de segundos, la labor del bibliotecario adquiere un nuevo significado. Más allá de facilitar el acceso a los contenidos, ayuda a distinguir fuentes confiables, contextualizar la información y construir búsquedas que respondan verdaderamente a las necesidades de cada visitante. “Nuestro trabajo es acompañar al usuario para encontrar información confiable y pertinente”, pero también crear comunidad a través de actividades educativas y de fomento a la lectura que fortalecen el vínculo entre la biblioteca y sus usuarios.

Es por ello que en su labor diaria alimentan el catálogo en línea el cual construyen mediante procesos detallados regulados por normas internacionales, como la catalogación, clasificación y descripción documental, con la finalidad de que los usuarios obtengan la información clara, precisa en una interfaz amigable todos los materiales físicos y digitales que existen en el acervo de la biblioteca. Este catálogo es abierto al público y lo pueden consultar desde cualquier parte del mundo.

Quizá por eso estos espacios siguen siendo lugares capaces de sorprender. Deyanira recuerda con especial cariño a una usuaria de más de 80 años que aprendió a utilizar herramientas digitales para no dejar de participar en un círculo de lectura organizado por la biblioteca. Alejandro, por su parte, recuerda cómo muchos niños llegan por primera vez durante una visita escolar y terminan sentados entre los estantes, hojeando libros y descubriendo un mundo que no imaginaban. “Los niños llegan como visitantes y terminan convirtiéndose en usuarios. Se quedan leyendo, descubriendo todo lo que pueden encontrar en sus instalaciones”.

En este Día Nacional del Bibliotecario, visibilizar su labor igualmente es reconocer a quienes, desde el silencio de una biblioteca, hacen posible que el patrimonio documental y gastronómico de México siga vivo, encuentre nuevos lectores y continúe inspirando a las generaciones por venir. Porque, al final, preservar estos recintos es también salvaguardar la memoria de un país.

Para conocer más puedes visitar https://biblioteca.herdez.com/ o https://casadonamariapons.com/biblioteca.html para que puedas explorar su catálogo. 

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