La temporada de lluvias pone a prueba a las construcciones en México: mantenimiento preventivo, la mejor defensa contra los daños
Ciudad de México. Aunque la canícula traerá un respiro temporal en algunas regiones del país durante julio, la temporada de lluvias aún está lejos de terminar. De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), las precipitaciones volverán a intensificarse entre septiembre y octubre del 2026, impulsadas por la temporada de ciclones tropicales, lo que incrementará el riesgo de inundaciones, deslaves y afectaciones a viviendas, edificios e infraestructura.
La temporada 2026 contempla la posible formación de hasta 36 ciclones tropicales entre el océano Pacífico y el Atlántico, fenómenos que cada año representan una de las principales amenazas para las ciudades mexicanas y ponen a prueba la resistencia de las construcciones.
El impacto no es menor. Datos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) muestran que, en uno de los años más recientes analizados, México registró 246 eventos de inundación que afectaron a 174 municipios en 28 estados, mientras que Conagua ha desarrollado Atlas de Riesgo por Inundación para 104 ciudades y 40 zonas ubicadas aguas abajo de presas, reflejo de la creciente exposición del país a este tipo de fenómenos hidrometeorológicos.
La humedad: un enemigo silencioso para las edificaciones
Aunque las inundaciones suelen concentrar la atención pública, especialistas coinciden en que la humedad representa uno de los factores de deterioro más importantes para las construcciones.
Las lluvias constantes favorecen filtraciones en techos, azoteas, muros y ventanas, además de acelerar el desgaste de impermeabilizantes y recubrimientos. Cuando el agua logra penetrar en la estructura de un inmueble, puede provocar la corrosión del acero de refuerzo, el deterioro del concreto, el desprendimiento de acabados e incluso comprometer la estabilidad de algunos elementos constructivos.
A ello se suma otro problema menos visible: la saturación del suelo. Cuando las precipitaciones son prolongadas, el incremento de humedad modifica las características del terreno donde descansan las cimentaciones, favoreciendo asentamientos diferenciales, grietas y deformaciones estructurales que pueden traducirse en reparaciones de alto costo.
«La lluvia no daña una construcción de un día para otro; el verdadero problema surge cuando pequeñas filtraciones no se atienden a tiempo. Una humedad aparentemente menor puede convertirse en un deterioro estructural que implique reparaciones mucho más costosas. Por eso, el mantenimiento preventivo siempre será una inversión más rentable que una reparación de emergencia», afirma Ronaldo Rizzi, Gerente para América Latina de Casa do Construtor.
Especialistas del sector construcción señalan que una parte importante de las afectaciones ocasionadas por la lluvia puede prevenirse mediante programas de mantenimiento oportuno.
Entre las principales recomendaciones destacan revisar periódicamente el estado de la impermeabilización de techos y azoteas; reparar grietas antes de que permitan el ingreso de agua; limpiar canaletas, bajantes y coladeras para evitar encharcamientos; inspeccionar las juntas de puertas y ventanas, así como verificar el correcto funcionamiento de los sistemas de drenaje pluvial.
La atención temprana de pequeñas filtraciones también resulta clave. Lo que inicialmente puede parecer una gotera o una mancha de humedad puede convertirse, con el paso de los meses, en un problema estructural que requiera intervenciones mucho más complejas y costosas.
El aumento en la frecuencia e intensidad de las lluvias ha puesto sobre la mesa la necesidad de fortalecer la resiliencia de las edificaciones. Expertos en infraestructura coinciden en que el mantenimiento preventivo, el uso de materiales con mayor resistencia a la humedad y una adecuada planeación de los sistemas de drenaje serán factores determinantes para reducir riesgos en viviendas, edificios comerciales e infraestructura pública.
«Hoy no basta con construir pensando en las necesidades actuales. Las edificaciones deben prepararse para enfrentar fenómenos meteorológicos cada vez más intensos. Esto implica incorporar materiales de mayor desempeño, realizar inspecciones periódicas y fomentar una cultura de mantenimiento que permita prolongar la vida útil de los inmuebles y proteger la inversión de propietarios y empresas», señala Ronaldo Rizzi.
Además de proteger el patrimonio de las familias y empresas, estas acciones contribuyen a prolongar la vida útil de las construcciones, disminuir los costos de reparación y mejorar la seguridad de quienes ocupan los inmuebles.
Con la temporada de lluvias aún en desarrollo y los meses más intensos por delante, el reto para propietarios, administradores y desarrolladores no solo consiste en responder a las emergencias, sino en anticiparse a ellas mediante estrategias de prevención que permitan a las construcciones enfrentar un clima cada vez más variable y extremo.
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Acerca de Casa do Construtor
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