Economía emocional: Clave para la conservación en la Sierra Gorda
· La conservación de un bosque no depende únicamente de los recursos económicos, sino de conocimiento, compromiso, responsabilidad, orgullo y sentido de pertenencia de las comunidades que lo habitan.
· Grupo Ecológico Sierra Gorda ha desarrollado durante casi cuatro décadas un modelo que combina educación ambiental, emprendimiento comunitario, reciclaje y conservación para convertir la naturaleza en una fuente de bienestar y oportunidades económicas.
Lo que hace que una comunidad decida conservar un bosque cuando también necesita generar ingresos para vivir se encuentra no solo en el precio del carbono, en un programa de reciclaje o en las oportunidades que ofrece el ecoturismo, sino en la relación emocional que las personas construyen con su territorio.
A este conjunto de valores, emociones, conocimientos, capacidades y sentimientos que permiten que una comunidad se involucre en la conservación y mantenga en el tiempo las soluciones que hacen posible regenerar la naturaleza, Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG) lo denomina economía emocional.
Se trata de un concepto que busca poner en el centro de la economía circular a las personas. Una economía puede diseñar incentivos para reciclar, conservar un bosque o desarrollar negocios alrededor de la biodiversidad, pero difícilmente podrá sostenerse en el largo plazo si quienes viven en el territorio no comprenden su valor, no participan en las soluciones y no sienten que forman parte de ella.
“La economía emocional no sustituye a la economía circular; la hace posible y sostenible en el tiempo”, dice Martha “Pati” Ruiz Corzo, fundadora y directora general de GESG.
GESG lleva más de tres décadas trabajando para construir exactamente este tipo de economía, una en la que personas y la naturaleza puedan prosperar. La Sierra Gorda de Querétaro es un lugar con más de 100,000 habitantes y 638 comunidades que viven dentro y entre algunos de los ecosistemas más biodiversos de México.
La experiencia de GESG muestra que la conservación y el desarrollo económico no tienen por qué ser objetivos opuestos. Por el contrario, se refuerzan cuando los beneficios económicos regresan a las comunidades y cuando, al mismo tiempo, se construye una cultura de cuidado y responsabilidad hacia el territorio.
Para el GESG, la economía circular implica rediseñar los sistemas económicos para que los recursos permanezcan en uso durante el mayor tiempo posible, los desechos disminuyan y los ecosistemas puedan regenerarse en lugar de agotarse. En la Sierra Gorda, esta visión se ha traducido en diferentes soluciones que van desde el manejo de residuos hasta la conservación de bosques, el ecoturismo, el aprovechamiento sustentable de plantas nativas y la educación ambiental.
“Si la naturaleza genera valor, parte de ese valor debe regresar a las personas que la protegen y viven en ella”, afirma Ruiz Corzo.
En una región donde más de 70% de la tierra está en manos de pequeños propietarios, y el 30% es superficie ejidal o comunal, esto es especialmente relevante, porque para estas familias, la conservación necesita ofrecer alternativas concretas frente a actividades que degradan el suelo como la agricultura de subsistencia, el ramoneo, el pastoreo o la tala. Esta es la razón por la que se necesita que una comunidad entienda por qué vale la pena conservar.
Para GESG, la transformación comienza desde la infancia. Desde su fundación, en 1987, se ha hecho un esfuerzo constante por llevar educación ambiental a las escuelas de la Sierra Gorda a través de las Fiestas de la Tierra. Estos encuentros populares combinan música, teatro, arte y comida para inspirar y acercar a los niños, y sus familias, al conocimiento y cuidado de su territorio, aspecto fundamental para impulsar la economía circular.
Lo que comenzó con las visitas de la fundadora de GESG, Martha “Pati” Ruiz Corzo, a las escuelas para cantar y tocar el acordeón, se convirtió con el tiempo en programas reconocidos de educación ambiental que han llegado a más de 180,000 niños en más de 170 escuelas, gracias a casi 40 años de presencia. Estas acciones han inspirado a varias generaciones en toda la Sierra Gorda, construyendo una relación con el territorio. 71427321 893
“Conocer el bosque no significa necesariamente quererlo. Y quererlo tampoco garantiza saber cómo protegerlo. La economía emocional intenta conectar ambas cosas: conocimiento y vínculo”, dice Ruiz Corzo.
La educación se convierte así en una pieza fundamental de la economía circular. Es la que permite que una práctica no dependa exclusivamente de la presencia de una organización, de un programa o de un incentivo económico, sino que pueda convertirse en un hábito y, eventualmente, en una cultura.
Uno de los ejemplos más concretos de esta transformación está en los residuos. En una región montañosa, con pequeñas comunidades dispersas, como en la Sierra Gorda, recolectar y transportar basura representa un enorme reto logístico. Durante décadas, los residuos contaminaron cuerpos de agua y degradaron el suelo.
Para enfrentar este problema, GESG, ha construido, apoyado y equipado, más de 170 centros de acopio comunitarios, gestionados y operados por las propias comunidades o vecinos. En conjunto, estos centros recolectan aproximadamente 800 toneladas de materiales reciclables cada mes. Además, los centros de acopio dieron origen a un nuevo grupo de microempresarios dedicados a la recolección, separación y comercialización de materiales reciclables.
Los residuos que antes representaban un problema adquirieron un valor económico. Y ese valor genera el incentivo para que las personas tengan interés en mantener funcionando el sistema. Este es uno de los principios fundamentales de la economía circular: los materiales regresan al ciclo productivo, mientras las comunidades desarrollan capacidades e ingresos alrededor de ese proceso.
Este conocimiento, organización, responsabilidad e interés comunitario son elementos fundamentales de la economía emocional.
Otro de los pilares fundamentales de GESG es el Programa Carbono Biodiverso, un sistema de compensación de carbono, diseñado de manera local, que convierte los servicios ecosistémicos de los bosques de la Sierra Gorda en una fuente de ingresos para los propietarios que los protegen.
Bajo el programa, un impuesto subnacional al carbono en el estado de Querétaro permite a las empresas locales reducir su base gravable al compensar sus emisiones a través de programas de conservación locales. En la práctica, esto significa que los propietarios que mantienen sus bosques en pie y eliminan actividades como el ramoneo, la agricultura y la tala reciben pagos por el carbono que sus bosques absorben de la atmósfera. El programa también contribuye a sostener otros componentes del sistema, como los centros de acopio, los programas de educación ambiental y las capacitaciones en agricultura regenerativa, sin las cuales todo el sistema colapsaría.
Por eso, Carbono Biodiverso representa el corazón de la economía circular en la Sierra Gorda. El valor económico que se genera a partir de bosques sanos regresa a los propietarios que los protegen y a las comunidades que viven a su alrededor. Bajo esta lógica, la conservación puede convertirse en una actividad que genera ingresos, fortalece capacidades y crea condiciones para que un bosque permanezca en pie.
No todos en la Sierra Gorda son propietarios de bosque que pueden vivir del carbono capturado por su tierra. El emprendimiento circular abre un segundo camino, convirtiendo la biodiversidad, la belleza y la abundancia natural del paisaje en ingresos para quienes viven ahí.
Un ejemplo es el ecoturismo. En la Sierra Gorda, actualmente existe una red de más de 60 microempresas comunitarias de ecoturismo. Esta red apoya a decenas de familias y grupos comunitarios que ofrecen alojamiento, caminatas guiadas, experiencias culturales, espacios para acampar y comida a quienes buscan ver la naturaleza única de la región. Esto representa la lógica de la economía circular aplicada al sector de servicios. Al otorgar a la excepcional biodiversidad y belleza escénica del paisaje un valor económico que fluye directamente hacia los negocios locales, el ecoturismo convierte a la conservación en una actividad competitiva y popular.
En las zonas semidesérticas más secas, fuera de las regiones boscosas, sucede algo similar. Ahí, Grupo Ecológico apoya con el ordenamiento de los ejidos con la cosecha y comercialización legal de plantas aromáticas silvestres como el orégano, la damiana y el piñón rosa. Estas plantas nativas, cosechadas de forma sustentable por recolectores locales y transformadas en productos de valor agregado, como cremas y repelentes naturales de insectos, se integran a cadenas de valor que generan ingresos basados en la biodiversidad local.
Estas empresas demuestran la lógica circular en su forma más directa. Son negocios que crecen y se benefician de la abundancia natural de un paisaje, sin consumirlo ni transformarlo, y muestran lo que sucede cuando se trabaja con el paisaje y no contra él. Su éxito se convierte en la inspiración para que otros adopten prácticas circulares, protejan el paisaje y empiecen sus propios negocios circulares.
Lecciones de construir circularidad en un entorno complejo
GESG vive de primera mano los beneficios que trae una economía circular: bosques más sanos, ríos más limpios, comunidades y carreteras libres de basura y la transformación cultural que lleva a que los bosques y la conservación ya no sean vistos como una barrera al desarrollo económico sino como un motor. Aquí algunas lecciones:
· La pobreza limita la ambición. Cuando la mayoría de la población vive en condición de pobreza, las presiones inmediatas de la supervivencia suelen prevalecer sobre el razonamiento ecológico de largo plazo. Construir una economía circular requiere generar retornos económicos inmediatos y tangibles a partir de la conservación. Por eso, el modelo de Carbono Biodiverso insiste en pagos altos y directos a los propietarios.
· La logística en una región dispersa y montañosa es enormemente compleja. El terreno escarpado de la Sierra Gorda y su población dispersa en pequeñas comunidades hacen que todo sea más difícil y costoso. La circularidad a escala de paisaje requiere una inversión paciente y de largo plazo en capacidad e infraestructura locales. No existen atajos.
· La política pública es tan importante como la práctica. El Programa Carbono Biodiverso existe porque se trabaja con el gobierno del estado para establecer un impuesto subnacional al carbono en Querétaro. Este instrumento de política pública creó las condiciones de mercado que el programa necesitaba para funcionar. Sin ese fundamento de política pública, incluso el modelo de economía circular más sofisticado seguiría siendo un proyecto de demostración y no un sistema escalable.
· La circularidad requiere la inclusión total. No se pueden construir sistemas circulares resilientes ni proteger ecosistemas de ningún tipo sin la participación plena y el total entusiasmo de la población local. Construir una economía circular que funcione a largo plazo requiere desarrollar las oportunidades, las habilidades y el interés local necesarios para mantenerla.
· Lo que más vale de una economía circular es un intangible. La economía circular es mucho más que aquello que puede monetizarse e integrarse en cadenas de valor circulares. Sin el cultivo de valores cívicos intangibles, como lo son el amor por la tierra y el territorio, la responsabilidad, la motivación, el espíritu emprendedor y el orgullo, no sería posible alcanzar el nivel de organización y sentido de pertenencia necesarios para construir una economía circular capaz de resistir el paso del tiempo.
· Lección fundamental. Un bosque restaurado sin el respaldo de la comunidad no permanecerá, y una comunidad empoderada donde no hay recuperación económica no permanecerá próspera. Para lograr un cambio duradero es necesario cerrar el círculo que conecta a la naturaleza, las personas y la economía. Todo esto comienza con soluciones locales, impulsadas por las mismas comunidades, que miran a la naturaleza con orgullo, entusiasmo y amor.
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Sobre el GESG
Fue fundado en 1987, como respuesta de ciudadanos locales ante el rápido deterioro ambiental de la Sierra Gorda. Las primeras labores que se llevaron a cabo estuvieron enfocadas en la educación ambiental y reforestación.
Desde entonces, ha crecido y ampliado su quehacer hasta convertirse en un referente de iniciativa ambiental. El GESG ha cosechado una larga lista de reconocimientos nacionales e internacionales de primer nivel. Actualmente, se define como un modelo de emprendimiento y participación social para la Sierra Gorda, donde se concilia el desarrollo económico con la conservación de la biodiversidad.
Su fundadora y directora general es “Pati” Ruiz Corzo, quien 10 años después de crear esta iniciativa, en 1997, logró el decreto como área protegida para la Sierra Gorda de Querétaro. “Pati” fue nombrada Directora Federal de la Reserva de Biósfera Sierra Gorda por el entonces presidente de la República Ernesto Zedillo, y desde entonces no ha dejado de trabajar en su conservación.




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