Megawatts: la unidad que decidirá el futuro de la IA en México
Por Ilan Oliel Márquez, Head of Product & Tech en Energía Real*
Recientemente, la conversación sobre inteligencia artificial ha girado en torno a la disponibilidad de almacenamiento de información en los centros de datos. Sin embargo, esa conversación está cambiando. El siguiente gran reto ya no está en la capacidad de los centros de datos para el procesamiento de información generada por la IA, sino en la energía que necesitan para funcionar. Y en México, ese reto ya empieza a sentirse.
La Asociación Mexicana de Data Centers estima que el sector atraerá inversiones superiores a 18,000 millones de dólares hacia 2030, con Querétaro como epicentro. Las proyecciones de la Secretaría de Energía (SENER) para ese mismo año indican que el país requerirá 1,500 MW de nueva demanda para atender los centros de datos.[1]
Esto representa una oportunidad enorme para el país, una que exige que la infraestructura energética crezca con la misma ambición que la demanda. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (IEA), mientras un centro de datos convencional puede demandar entre 10 y 25 MW, la nueva generación de centros hyperscale enfocados en inteligencia artificial puede alcanzar demandas de 100 MW o más[2].
Ahí es donde los Sistemas de Almacenamiento de Energía en Baterías (Sistemas BESS) dejan de ser sólo una estrategia presupuestal y se vuelven parte central del diseño de un data center. Actualmente, la forma más común de pensar los Sistemas BESS es como una batería de respaldo… un seguro contra apagones. Si bien este uso es válido, hay una capa adicional de valor que todavía no se explota lo suficiente, pues un Sistema BESS bien diseñado puede analizar datos en tiempo real y operar a partir de las necesidades de la industria. De esta manera, un Sistema BESS bien orquestado es infraestructura de continuidad, no sólo un plan B.
En un primer nivel, el Sistema BESS es pasivo: entra sólo cuando falla la red, como un UPS de mayor escala.
En un segundo nivel, empieza a hacer peak shaving y arbitraje: carga en horario base, descarga en horas punta, con reglas definidas.
Y en un tercer nivel, se vuelve inteligente: se orquesta con modelos que predicen consumo, leen señales de precio y disponibilidad en tiempo real, y ayudan a tomar mejores decisiones de suministro. Aquí, el sistema ya no sólo reacciona, también anticipa.
Ahí está el reto más interesante en la programación de las baterías, pues se requiere de datos limpios y en tiempo real, modelos predictivos basados en condiciones reales de la operación y software especializado, lo cual dará como resultado un sistema que se adapte a las necesidades energéticas del data center en todo momento.
Los data centers en México tienen ahora mismo la oportunidad de diseñar su estrategia energética con la misma disciplina con la que diseñan su arquitectura de cómputo. Quienes lo hagan van a poder crecer con más certeza energética, sin depender únicamente de las condiciones de la red tradicional.
La IA abrió la conversación. La energía bien orquestada es la que la va a sostener.
[1] https://iamericas.org/wp-content/uploads/2026/05/Integracion-de-Centros-de-Datos-al-Sistema-Electrico-Nacional.pdf




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