Excelencias, estimadas y estimados amigos:
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no fueron impuestos desde arriba.
Son una promesa, forjada por los Estados Miembros y adoptada como un compromiso compartido por todos los gobiernos.
Un compromiso basado en la Carta de las Naciones Unidas y moldeado por las aspiraciones de las personas en todas partes.
Para construir sociedades más saludables, más seguras y más prósperas.
Erradicando la pobreza y el hambre.
Combatiendo la desigualdad y la exclusión.
Eliminando la discriminación y las enfermedades.
Protegiendo nuestro planeta.
Y no dejando a nadie atrás.
Desde que comenzó nuestro camino, juntos hemos reducido la mortalidad infantil y materna.
Hemos prevenido millones de nuevas infecciones por VIH.
Y hemos ampliado el acceso a la educación, la protección social, el agua potable segura, el saneamiento, la electricidad, las energías renovables y el internet.
También hemos enfrentado profundos reveses.
El más notable fue una pandemia mundial que borró años de progreso y puso de manifiesto profundas vulnerabilidades.
Ante cada crisis, nos adaptamos.
Aprendimos.
Y seguimos avanzando.
El progreso nunca fue automático.
Fue logrado gracias a la determinación de las personas, las comunidades y los países.
Sin embargo, hoy el desarrollo enfrenta fuertes vientos en contra.
Los conflictos, las divisiones y la desconfianza están debilitando la Cooperación Internacional.
Las crisis en Medio Oriente y otras regiones continúan impulsando la inseguridad económica y perturbando los flujos de alimentos, energía y comercio.
La crisis climática se está acelerando, acercándonos peligrosamente al límite de 1,5 grados.
Los derechos de las mujeres y las niñas están siendo atacados.
Los países en desarrollo siguen atrapados por la deuda, limitados por un reducido espacio fiscal y una inversión insuficiente.
Y el mundo continúa gastando sumas récord en la guerra mientras se priva al desarrollo de los recursos que necesita.
Estimadas y estimados amigos:
Las promesas que los gobiernos hicieron al adoptar los Objetivos no se están cumpliendo.
Ha llegado la hora de cumplirlas.
Permítanme señalar cuatro ámbitos clave.
Primero, debemos cumplir nuestra promesa de combatir la desigualdad.
Invirtiendo en aquello que funciona:
Educación de calidad.
Seguridad alimentaria.
Trabajo decente.
Cobertura sanitaria universal.
Sistemas sólidos de protección social.
Acceso a la tecnología y a las oportunidades para todas las personas.
Debemos abordar los obstáculos que siguen negando a muchas personas una oportunidad justa:
Desigualdades arraigadas.
Discriminación y exclusión.
Y conflictos que destruyen los avances logrados en materia de desarrollo.
Y debemos mantenernos firmes en la defensa de los derechos humanos y la igualdad de género.
Cuando las mujeres pueden participar plenamente, todas y todos se benefician.
Segundo, debemos cumplir nuestra promesa con el planeta.
La energía renovable es ahora la fuente más barata y de crecimiento más rápido para la nueva generación de energía en gran parte del mundo.
Los países ricos en recursos renovables deben contar con las herramientas y las oportunidades para convertirse en productores de energía limpia, fabricantes de tecnologías limpias y generadores de empleo decente.
Los minerales críticos deben gestionarse de manera responsable y sostenible, de forma que aporten valor y oportunidades a los países productores.
Y la transición de los combustibles fósiles a las energías renovables debe ser justa, apoyando a las comunidades y a los trabajadores.
Tercero, debemos cumplir nuestra promesa de financiar el desarrollo sostenible.
Los países se han comprometido a fortalecer la movilización de recursos internos y a canalizar recursos hacia las áreas de mayor necesidad.
Pero se necesita mucho más.
El Compromiso de Sevilla es un paso importante.
Los Bancos Multilaterales de Desarrollo deben ser más grandes, mejores y más audaces.
Cada dólar de inversión pública debe movilizar una cantidad mucho mayor de inversión privada.
Los países en desarrollo deben tener una voz y una representación mucho más fuertes en el sistema financiero internacional, que necesita una reforma.
Y la deuda debe servir al desarrollo, no asfixiarlo; necesitamos alivio de la deuda con urgencia.
Cuarto y último, debemos cumplir nuestra promesa de acelerar el progreso utilizando las herramientas que ya tenemos a nuestra disposición.
Mejores datos.
Prospectiva estratégica.
Tecnología y conectividad.
Inteligencia Artificial responsable.
Un comercio más libre e inclusivo.
Alianzas más sólidas entre gobiernos, empresas, instituciones financieras, autoridades locales, sociedad civil y juventudes.
Y, sobre todo, esfuerzos renovados para construir la paz, que es tanto el fundamento como un facilitador del desarrollo duradero, sostenible y resiliente.
Excelencias, estimadas y estimados amigos:
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son ambiciosos porque los desafíos que enfrentamos son enormes.
Pero los compromisos deben ir acompañados de acciones transformadoras.
Esa es la promesa que hicieron los gobiernos.
Cumplir esa promesa es una obligación.
También es nuestra mayor oportunidad para construir un mundo más justo, más seguro y más sostenible.
Muchas gracias.




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