América Latina construye hacia arriba, pero ¿cuánto sabemos del suelo que sostiene sus ciudades?
• Ocho de cada diez habitantes de México y Colombia viven ya en zonas urbanas, lo que eleva el valor económico y social de conocer con mayor detalle el terreno sobre el que crecen las ciudades
• En algunas zonas de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México el suelo se hunde hasta 42 centímetros al año, mientras Bogotá opera una red de 29 acelerógrafos para estudiar cómo responden distintos terrenos ante los sismosCDMX, México, octubre de 2026. Las ciudades latinoamericanas están construyendo más vivienda, infraestructura, corredores logísticos, hospitales, oficinas y desarrollos verticales. Pero una parte esencial de esa infraestructura permanece fuera de la vista: el conocimiento sobre el terreno que sostiene todo lo demás.
En México, alrededor de 80% de la población vivía en zonas urbanas en 2025; en Colombia, la proporción era de 79%, de acuerdo con datos del Banco Mundial basados en las Perspectivas de Urbanización de Naciones Unidas.
A medida que las ciudades concentran más habitantes y activos, conocer qué ocurre debajo de ellas deja de ser únicamente una discusión geológica. Se convierte también en una variable de infraestructura, planeación urbana y gestión del riesgo.
“Cuando aumenta la densidad de una ciudad, también aumenta el valor de la información que tenemos sobre el subsuelo. Ya no hablamos sólo de conocer si una región es sísmica, sino de entender cómo puede responder un sitio específico donde habrá edificios, vialidades o infraestructura crítica”, explica Jocelyn Vargas, ingeniera geofísica especialista en sismología aplicada y CEO de Vase Sísmica.
El tema cobra relevancia durante Urban October, la iniciativa de ONU-Hábitat que culmina el 31 de octubre con el Día Mundial de las Ciudades. En 2026, la discusión gira alrededor de la regeneración urbana y la vivienda adecuada, con énfasis en construir barrios más resilientes.
El código postal no explica todo el riesgo
Una ciudad puede aparecer completa dentro de una misma zona de amenaza sísmica y, aun así, presentar condiciones de terreno muy diferentes entre un punto y otro.
La profundidad de los estratos, el tipo de sedimentos, la velocidad con la que se propagan las ondas y la presencia de antiguos depósitos lacustres, entre otros factores, pueden modificar la respuesta sísmica local.
La Ciudad de México es uno de los ejemplos más evidentes. Pero el reto no se limita a los terremotos.
Investigadores del Instituto de Geofísica de la UNAM reportaron en mayo de 2026 que algunas zonas de la metrópoli registran velocidades de hundimiento de hasta 42 centímetros por año. En Ciudad Nezahualcóyotl se han medido hasta 423 milímetros anuales, mientras que dentro de la capital Iztapalapa alcanza alrededor de 258 milímetros. La subsidencia afecta viviendas, vialidades y otra infraestructura urbana.
Un estudio publicado en 2025 y registrado por la UNAM documentó, además, un sitio de la Ciudad de México donde el asentamiento acumulado alcanzó 3.66 metros durante diez años de monitoreo, con una tasa promedio cercana a 31 centímetros anuales.
“El terreno no es una condición fija que podamos estudiar una vez y dar por resuelta. Hay ciudades donde la extracción de agua, la consolidación de sedimentos y la propia urbanización pueden modificar sus condiciones con el paso del tiempo. Eso obliga a pensar también en actualizar la información”, señala Vargas.
Del mapa regional al predio
Para el sector inmobiliario y de infraestructura, una de las diferencias relevantes está entre conocer la amenaza sísmica regional y conocer el comportamiento particular de un sitio.
Los mapas nacionales permiten identificar zonas con determinados niveles de amenaza. La microzonificación y los estudios específicos del terreno acercan esa información a una escala urbana y local.
Bogotá ofrece un ejemplo. La capital colombiana cuenta con estudios de microzonificación sísmica utilizados para definir parámetros de construcción y con una red de 29 estaciones acelerográficas distribuidas en distintos puntos de la ciudad. Los registros permiten identificar qué zonas han experimentado mayores aceleraciones y mejorar el conocimiento de la respuesta sísmica de sus suelos.
“No se trata de sustituir un estudio geotécnico ni el trabajo del ingeniero estructural. La geofísica responde preguntas diferentes y complementarias: cómo están organizadas ciertas capas del subsuelo, cómo se propagan las ondas y dónde pueden existir contrastes que valga la pena incorporar al análisis del proyecto”, explica Vargas.
Ese cambio de escala es especialmente relevante conforme las ciudades desarrollan proyectos más complejos. Un hospital, una torre residencial, una planta industrial o una infraestructura estratégica concentran inversiones y personas durante décadas.
La nueva infraestructura: los datos
La infraestructura necesaria para entender una ciudad ya no está compuesta únicamente por perforaciones o levantamientos de campo.
Sensores sísmicos, acelerógrafos, imágenes satelitales, GPS de alta precisión, mediciones de vibración ambiental y otros métodos geofísicos permiten observar cambios del territorio y generar información que hace algunos años era mucho más difícil o costosa de obtener.
México está ampliando incluso esa observación hacia el océano. En 2026, especialistas mexicanos y japoneses desplegaron frente a Oaxaca 11 instrumentos en el fondo marino: ocho sismómetros y tres medidores de presión, algunos colocados a profundidades superiores a 5,000 metros, para estudiar la zona de subducción y mejorar el conocimiento sobre terremotos y tsunamis.
“Una ciudad informada sobre su subsuelo tiene más elementos para decidir dónde construir, qué estudiar con mayor detalle y cómo priorizar infraestructura. La meta no es eliminar la incertidumbre, algo imposible en sismología, sino reducir los puntos ciegos antes de comprometer inversiones que permanecerán durante décadas”, afirma Vargas.
Sobre Vase Sísmica
Vase Sísmica es una empresa especializada en ciencias de la Tierra que desarrolla soluciones y servicios orientados al monitoreo, análisis y mitigación de riesgos asociados con fenómenos naturales. Su oferta integra conocimiento científico, tecnología e instrumentación especializada para áreas como monitoreo sísmico, microsismicidad, salud estructural, análisis de datos y estudios geofísicos, con aplicaciones en edificios, puentes, presas e infraestructura estratégica.
La plataforma combina análisis automatizado de señales sísmicas con herramientas de monitoreo continuo para contribuir a una gestión del riesgo enfocada en la prevención, la protección de las personas y la resiliencia de infraestructura crítica.




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