PUEDE LA FILOSOFÍA SER USADA COMO PRODUCTO DE LA “INDUSTRIA CULTURAL”?

Mas… turbaciones mentales. Serie semanal.

Por Gilberto Castrejón Doctor en Filosofía de la Ciencia
Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia

Resulta curioso cómo, desde hace  décadas, ciertos aspectos que definen y estructuran a las sociedades, y que en otras épocas parecían dispares, han asistido a una “conformación sistemática”, de tal manera que conjugan un sistema cultural y material, cuya lógica de desenvolvimiento obedece a ciertos intereses propios de una “ideología dominante”. Dicho sistema cultural y material es lo que podría denominarse:  “industria cultural”, a la sazón de lo que filósofos como Horkheimer y Adorno anunciado en su obra magna: Dialéctica de la Ilustración. Uso esto de pretexto para acuñar unas cuantas palabras con relación a un cierto fenómeno literario-filosófico, a la vez cultural, que ha surgido en los círculos académicos propios de la filosofía, y que podría  exasperar, o ya está exasperando, a la comunidad filosófica más ortodoxa. Me refiero a la publicación de ciertas obras que pueden caracterizarse en el entrecruce de los estudios culturales y sociales, y la filosofía. De años para acá resulta que diversos temas, que de entrada pueden considerarse alejados de las temáticas propias del quehacer filosófico, se han convertido en “espacio” de reflexión filosófica, sólo hay que echar una mirada a los títulos de las obras:

-“La filosofía de House”, “Los Simpson y la filosofía”, de William Irwin.

-“El Hobbit y la filosofía”, “El señor de los anillos y la filosofía”, de Gregory Bassham y Eric Bronson.

-“La filosofía de The Big Bang Theory”, Dean A. Kowalsky (coord.).

-“Los superhéroes y la filosofía”,  Tom Morris y Matt Morris (eds.).

-“La filosofía de True Blood”, George A. Dunn y Rebeca Housel (coords.).

-“La filosofía de Alicia en el país de las maravillas”, Richard Brian Davis (coord.).

Y la lista podría seguir y seguir, además de que, curiosamente, muchos de estos títulos son publicados por editoriales de prestigio. Cabe aclarar que no pretendo analizar el contenido de algunos textos, sólo señalar lo que considero tiene que ver tanto con aquello que posibilitó su publicación, como ciertos efectos que éstos puedan tener. 

Así, es posible aplicar a estas obras, parte del diagnóstico de los filósofos de la “Escuela de Frankfurt”, pues dada la lógica de funcionamiento del sistema cultural y material del que hablaba líneas arriba: <<La industria cultural se ha desarrollado con el primado del efecto, del logro tangible, del detalle técnico sobre la obra, que una vez era la portadora de la idea y fue liquidada con ésta.>> A pesar de que quizá pueda resultar un tanto precipitado dicho diagnóstico, sin embargo, lo más seguro es que existan ciertos factores propios del carácter de nuestras sociedades, en donde una cultura de masas dicta las condiciones bajo las cuales los individuos habrán de establecer lazos comunicativos, afectivos, espirituales, de distracción y atención… Como algunos de los autores de estas obras pudieron haber identificado: los personajes míticos se han insertado en la cultura, en el inconsciente colectivo, dictando ciertos aspectos específicos con los que se desenvuelven las sociedades, tales como los sueños, aspiraciones, deseos, frustraciones, etc., de los individuos; incluso la misma moral del superhéroe o del personaje de ficción llega a ser “materia” de reflexión filosófica. A la vez, no hay que olvidar que disciplinas como la semiótica, la lingüística, la sociología o la religión se entrecruzan en los tipos de reflexiones de estos autores, de aquí que no es posible afirmar precipitadamente la poca, mucha o nula importancia de dichas obras para el ámbito y reflexión filosófica actuales. 

El siglo XIX anunció las posibilidades imaginativas, especulativas y de anticipación que pueden explorarse en la literatura, usando como tema central a la ciencia y a la fantasía, sobre todo las generaciones de posguerra (mitad del siglo XX) comenzaron a vivir y convivir con diversos personajes, productos técnicos y culturales que han visto su auge y proliferación a finales del siglo XX. Por algo: ¿es indispensable insertar en la reflexión filosófica, temáticas propias de la <<cultura popular>>?, ¿las tribulaciones de personajes míticos, propios de la época contemporánea, dan materia de reflexión, análoga a la de los personajes mitológicos griegos o romanos?, ¿haría bien la ortodoxia filosófica, en no objetar que aumente la publicación de obras de estas características, si con ello se logra que la gran masa se acerque a la filosofía? A pesar de que lo anterior no depende de la ortodoxia filosófica, sino de los intereses de las editoriales. El único inconveniente, y no cabe más que llamarlo legítimo, es que estas obras, de una u otra forma, son producto de una industria cultural, de unas condiciones específicas de dominación y marketing literario, a pesar de que las reflexiones de los autores sean por demás rigurosas, interesantes e importantes. ¿Existe una contradicción, un desvirtuamiento de la filosofía? Creo que no es el lugar y momento para responder la cuestión.

Unas generaciones, como la propia y las posteriores, que han crecido con el fervor mediático y tecnológico, la liberación sexual y espiritual, los cómics, el apogeo de la imagen por el cine y la televisión, los video juegos, etc., creo que ven con “buenos ojos” la llegada de obras como éstas, sin embargo, es también labor de la filosofía echar al aire un cierto grado de escepticismo al respecto, pues se quiera o no: ese es también el oficio del filósofo. 

Yo, por el momento, trataré de ver “qué puede decirnos Aristóteles sobre el peculiar estilo de vida de Sheldon Cooper”, o cuál es la “Auténtica verdad sobre Superman (y sobre todos nosotros)”, a pesar de que pueda darme un poco de “diarrea cerebral” jejeje.      

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