ACERCA DEL “CAZADOR SOLITARIO” Y OTROS DEMONIOS

Mas… turbaciones mentales. Serie semanal.

Por Gilberto Castrejón Doctor en Filosofía de la Ciencia
Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia
Twitter: @gil_castrejon

“Las cartas de amor, si hay amor,
Tienen que ser
Ridículas.
Pero, al fin,
Sólo las criaturas que nunca escribieron
Cartas de amor
Son
Ridículas.”
Fernando Pessoa, como todo poeta, supo que la poesía es un acto de amor, a pesar de que haya poetas que nunca hayan escrito sobre el amor. Uso esto de pretexto para contar mi experiencia de escribir sobre el amor. Hace más de una década, participé en un concurso en una página literaria, se trataba de escribir una minificción. Las condiciones eran que se incluyera a las cuatro cónicas: parábola, círculo, elipse e hipérbola, y a su vez, el tema del texto se relacionara con ciertos versos del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz. El resultado fue una especie de “geometría del amor” titulada: “Parábola de la caza”; el texto recibió mención honorífica y fue publicado, aunque ahora creo que de todos modos no he aprendido mucho más sobre el amor, a la usanza de El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba. 

Dice el maestro Rubén Bonifaz Nuño: “Juntos inventamos un concierto para desventura y orquesta, y fuimos a escucharlo serios, solemnes, y nada entendimos. Estamos solos.” Cierto: el amor es una compañía, aquello que construye y devasta al mismo tiempo; por ello tal vez, leer Una historia natural del amor de Diane Ackerman me ayudó a consolarme en algunas de mis desventuras, pues como amante, leer historias de amor de los distintos siglos, los tipos de amor, las teorías sobre éste, etc., precisamente me ayudó a ver que quien ama no está solo, que tematizar sobre el amor siempre es tender al infinito, y que el amor no sólo es asunto de poetas y artistas.

No sé, quizá sea cierto que “el amor es tan solo una trampa creada para perpetuar la especie”, y que actualmente, como dice Zygmunt Bauman, existe una fragilidad de los vínculos amorosos, una “mercadotecnia del amor”, un cálculo de las relaciones en términos de costos y beneficios; sin embargo, aquéllos que saben de abismos son los únicos que pueden hablar de éste, quien se burla del amante porque parece un “zombie” que deambula por terrenos baldíos, solo está hablando de una carencia, de un anhelo profundo que lo atosiga. Claro, quizá se pueda vivir sin amor, morir sin éste, lo que difícilmente puede ser posible es que haya alguien que esté exento del amor, hasta el más frío racionalista puede relatar lo que se siente hacer una visita a los terrenos inhóspitos donde acostumbra pernoctar este <<cazador solitario>>.  

PD Cayendo en “lugar común”: el amor es uno de tantos demonios, es el vértigo de gustar de la caída; personalmente, cuando lo conocí de a de veras entendí que ya no hay marcha atrás, que nada se puede hacer, por eso sigo y sigo estando con y en él. ¿Tema y palabras cursis?, pues sí, también el mundo se trata de eso, o ¿no? Jejeje, quizá todo se deba a que yo, al igual que Pessoa, también he escrito y escribiré cartas de amor, como todas: ridículas…

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