ACERCA DE LA IMPORTANCIA DE LA IDENTIDAD GENERACIONAL

Por Gilberto Castrejón Doctor en Filosofía de la Ciencia
Por Gilberto Castrejón
Doctor en Filosofía de la Ciencia
Twitter: @gil_castrejon

“Los viejos tiempos/fueron los nuevos tiempos/Los nuevos tiempos/serán los viejos tiempos…” Sirvan de pretexto estos versos del excelso juglar urbano Jaime López, para dedicar unas breves palabras a un asunto que, cuando eres joven, crees que nunca culminará; cuando eres adulto intentas aferrarte a éste (ya sea de manera contradictoria o verdaderamente madura); y cuando eres viejo quizá lo veas con nostalgia y a veces con tristeza: la identidad generacional.

Hace unos años, en una de esas borracheras épicas, a la par de las primeras luces del amanecer, un compañero de juarra se puso en el “banco de los acusados” e intentó “confesarse” con un amigo y conmigo: “ya estamos rucos —decía—, en el barrio algunos chavos me dicen «don», y la neta no me gusta la música que escuchan los chavos…”, finalmente, atinó a decir: “pensé que esto no iba a pasarme a mí…” Debo decir que mi compañero de naufragio y yo sólo nos miramos con incredulidad y con cara de «¿y a este güey qué le pasa?, ¿pues qué no sabía que la vida “no es más ni menos que eso, es sólo eso”?» En fin, lo que de entrada quisiera señalar es que considero que quien piensa y siente así, como aquellos que padecen el “síndrome Peter Pan”, entre otros, puede que sean los que menos poseen identidad generacional, los que menos tienen conciencia histórica. Digo, claro que no creo que a alguien le agrade envejecer, pues no es lo mismo pretender mantenerse joven con ejercicios, dietas, tratamientos, etc. (si se logra eso pues estupendo), que tratar de mantenerse joven a través del comportamiento, el estancamiento… Envejecer es inevitable; madurar, como disfrutar el momento específico en el que se vive, eso sí es opcional.

Tengo excelentes amigos y amigas que se mantienen jóvenes física y espiritualmente, pero para nada pretenden comportarse como lo hacían hace 10 o 15 años, y han afrontado su edad adulta con madurez, hasta ni siquiera tienen que preocuparse por cuestiones materiales; aunque también conozco a algunos que se aferran a seguir en el «sexo, droga y rock & roll», a la manera de un chavo veinteañero, y a veces hasta adolescente, y además: ¿dónde ha quedado la identidad generacional de estos últimos cuando no son capaces de afrontar con “tanates” el momento que les toca en turno? Muchos de ellos lloran internamente, por algo se comportan como lo hacen. Los “tíos rucos buena onda” siempre han existido, lo curioso es observar cómo hay contemporáneos que pretenden autodefinirse así a perpetuidad, no se malinterprete lo que digo, ser pachanguero, tener un corazón joven y libre es bueno, claro que sí, el problema comienza cuando el espíritu se va llenando de “llagas de juventud”, de esas asociadas a los momentos del “hubiera hecho…”

En mi caso, para nada quisiera regresar a la época de secundaria o vocacional para “aventarme los cotorreos que no me aventé”, los mejores momentos de aquella época están en la memoria, los peores no existen. La identidad sólo se adquiere caminando a pasos de gigante, y eso implica estar bien seguro de lo que sí se hará toda la vida, y no creo que eso pudiera ser el «sexo, droga y rock & roll», pues al menos que seas Mick Jagger o Lou Reed jejeje, es que puedes rockear, charanguear, andar en Raves o metalear toda tu vida, aunque quién sabe. Lo importante es cómo asumes en cada momento la manera en que “el mundo se te viene encima”.

Dicen que cuando eres joven no “escuchas a tu cuerpo”, y cuando vas envejeciendo cada vez lo escuchas más, por algo madurar es aprender a escuchar mejor y entender mejor al cuerpo. En la adolescencia y juventud, las masturbaciones son más corporales que espirituales, el problema es que en la madurez siga siendo así, e incluso se acrecienten las masturbaciones espirituales jejeje. Tener identidad generacional es reconocer a qué generación perteneces, y disfrutar y asumir cada época en turno, esto es: vivir en armonía con cada generación y con la propia, e incluso disfrutar lo extraordinario que las nuevas identidades generacionales ofrecen, pues a su vez: “los nuevos tiempos, serán los viejos tiempos…”

P.D. A la sazón del maestro “Tomás Esperón” (Tom Waits) es un «Rain Dog» el que habla.

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