HSBC. Revisiones anuales del T-MEC. ¿Qué implica este escenario?

México segundo semestrePanorama de mitad de año
Tras un primer semestre complicado para la economía mexicana, el segundo semestre llega con una agenda más cargada y con mayor atención de inversionistas y empresas. La revisión del T-MEC (USMCA) comenzó el 1 de julio, en un contexto externo desafiante, con crecimiento menor al esperado e inflación volátil. Esta combinación vuelve menos nítida la lectura sobre política monetaria y perspectivas fiscales; al mismo tiempo, abre oportunidades, en la medida en que muchos escenarios ya están incorporados en los precios de mercado.En HSBC anticipamos un repunte del crecimiento en el segundo trimestre de 2026 impulsado por factores temporales, seguido por una trayectoria de avances modestos en la segunda mitad del año. En inflación mantenemos una postura cautelosa: el alivio observado en el segundo trimestre probablemente no describe la tendencia del resto de 2026, lo que limita el margen para recortes adicionales de tasa. No prevemos alzas. En el frente fiscal, el balance se deteriora por riesgos de menores ingresos, un crecimiento más débil y poco margen de maniobra por el lado del gasto, lo que podría traducirse en déficits más amplios.Revisiones anuales del T-MEC. ¿Qué implica este escenario?El 1 de julio, día que marcó el inicio formal de la revisión del T-MEC, Estados Unidos decidió no renovar el acuerdo de manera inmediata en un horizonte de largo plazo. En su lugar, el tratado se revisará cada año hasta que se acuerde una renovación de largo plazo o hasta que el acuerdo expire el 1 de julio de 2036. En HSBC consideramos mucho más probable que se alcance una renovación antes de llegar al vencimiento.Este esquema mantiene un grado importante de incertidumbre, pero no necesariamente representa un deterioro desde la óptica de la negociación para México. Un elemento positivo es que, mientras se realiza la revisión, el marco actual del comercio se mantiene vigente por al menos diez años, lo que abre espacio para negociar ajustes específicos que eventualmente conduzcan a una renovación. Esto podría apoyar a México para seguir ganando participación en el mercado de Estados Unidos y consolidarse como su principal socio comercial. La contraparte es que una revisión abierta y recurrente tiende a prolongar la incertidumbre para las empresas, lo que favorece una postura prudente en inversión y constituye un riesgo relevante para los flujos de capital.Sobre la negociación, estimamos que México podría aceptar varias solicitudes de Estados Unidos, por ejemplo, reglas de origen más estrictas y mayor contenido regional en el sector automotriz. No obstante, también podría endurecer su posición si ciertas medidas empiezan a afectar de forma más profunda a sectores como automotriz, acero y aluminio, posiblemente desde la siguiente ronda de conversaciones.Preservar el acuerdo es prioritario porque, en promedio, alrededor de 80% de las importaciones de Estados Unidos desde México entran bajo el cumplimiento del T-MEC, lo que contribuye a que México se mantenga entre los países con menores aranceles efectivos de importación hacia Estados Unidos, pese a mayores cargas en sectores específicos.¿Cómo se explica el auge exportador, puede sostenerse?A pesar de condiciones externas complicadas y una moderación general de otras fuentes de crecimiento, las exportaciones mexicanas han repuntado con fuerza en 2026. A finales de mayo de 2026, sobre una base de suma continua, crecían a una tasa superior a 15% anual. Sin embargo, el impulso no es homogéneo: el motor detrás del aumento ha cambiado de forma relevante.Hasta 2024, los autos eran la principal categoría exportadora. En 2025, dispositivos procesadores de datos tomaron el primer lugar tras en cuanto a crecimiento, debido a una aceleración marcada. Este giro coincide con el aumento de las exportaciones totales de mercancías. En particular, las exportaciones de estas máquinas crecieron cerca de 170% anual hacia el cierre de mayo de 2026, con un aumento de más de USD82 mil millones en valor durante este periodo, lo que muestra un auge altamente concentrado. También contribuyeron otros rubros, aunque con una escala menor: los teléfonos crecieron 33% anual y las máquinas de oficina 76% anual en el mismo periodo.Adicionalmente, el repunte de ciertos productos vinculados a materias primas ha tenido un impulso acotado y a pesar de que México no es un país orientado a exportarlas, los minerales de plomo subieron 80% anual, los minerales de cobre 51% anual y otros minerales metálicos preciosos 100% anual hacia mayo de 2026.En conjunto, en HSBC subrayamos el papel de los componentes tecnológicos, que podrían sostener el crecimiento exportador gracias a la expansión del sector en Estados Unidos, sus efectos de arrastre sobre México y la llegada de empresas especializadas en este tipo de producción. Dado que estas industrias aún no son tan intensivas dentro de la composición manufacturera mexicana, esto podría permitir tasas elevadas por más tiempo, aunque es razonable esperar cierta moderación tras el auge reciente. ¿Qué hay detrás de la dinámica del PIB y qué se espera hacia delante?PIB decepcionó en el primer trimestre de 2026 debido a una contracción trimestral y una expansión anual limitada, usando cifras ajustadas por estacionalidad. Sin embargo, en el segundo trimestre del año, vimos un repunte importante en ambas métricas, el cual se atribuye en gran medida a factores temporales, que seguramente se desvanecerán hacia la segunda mitad del año.Mantenemos nuestro estimado de crecimiento del PIB para 2026 en 1.0%. Aun así, nuestras estimaciones apuntan a una mejoría moderada en los siguientes trimestres, con un avance desigual.Por sectores, consideramos que los servicios seguirán siendo el principal soporte del crecimiento. Por su parte, la producción industrial podría mantenerse débil durante gran parte de 2026. En agricultura anticipamos mayor volatilidad por efectos de El Niño en la segunda mitad de 2026 y la primera de 2027, con impactos distintos según la región: más lluvias en algunas zonas y condiciones más secas en otras, con riesgos tanto para el volumen de producción como para el comportamiento de precios en ciertos productos.Por el lado de la demanda, las exportaciones están superando a otras fuentes de crecimiento y el auge tecnológico podría seguir aportando soporte. En contraste, la debilidad de la inversión y un consumo contenido apuntan a avances moderados. También observamos que reformas y cambios de política, como los asociados a la reforma judicial, podrían estar afectando el sentimiento empresarial. En este entorno, las fuentes internas de crecimiento requerirán nuevos catalizadores para acelerar el ritmo. ¿Por qué HSBC mantiene pronósticos de inflación por encima del consenso para 2026 y 2027?En HSBC consideramos que las presiones al alza en inflación siguen acumulándose, aunque las lecturas recientes han sido más benignas. Interpretamos que el alivio de mayo y junio fue temporal y estuvo liderado por menores precios de alimentos frescos dentro del componente no subyacente. Si bien esto apoya el proceso de desinflación, el detalle sugiere que esos choques favorables se desvanecerán y que persisten presiones de fondo.Estimamos que la inflación general anual tocó un mínimo de 3.10% en la primera quincena de julio y que comenzará a revertirse. Parte de la explicación es que, entre julio y diciembre de 2025, el componente no subyacente registró una tasa anual inferior a 2%, también apoyado por alimentos frescos; esa base de comparación inusualmente baja hará más evidente el repunte en la segunda mitad de 2026.Además, las condiciones climáticas podrían complicar el desempeño de algunos cultivos por El Niño. Aunque es difícil cuantificar el impacto agregado para México, esto podría añadir volatilidad a un sector primario que ya muestra variaciones. La categoría clave a observar es “alimentos frescos”, que representa 10.7% del INPC. Esperamos que la inflación no subyacente supere 4% antes de que finalice 2026.En el componente subyacente —el más relevante para la tendencia— los resultados recientes muestran cierta mejoría, pero persisten presiones en servicios y la rigidez observada en trimestres previos probablemente continúe. Hacia delante, el balance de riesgos del subyacente sigue sesgado al alza por el cierre gradual de la brecha negativa del producto, una depreciación gradual del peso y factores asociados al mercado laboral. En general, esperamos en repunte gradual de la inflación en lo que resta del año. ¿Por qué el mercado laboral podría volverse más relevante para la inflación?Con una tasa de desempleo estable por debajo de 3%, el mercado laboral se mantiene firme. Hemos observado mayores inquietudes, desde empresas pequeñas hasta grandes, sobre presiones de costos que se reflejan en indicadores complementarios y en tendencias subyacentes. La informalidad domina el mercado laboral y esto limita la productividad. Si a ello se suma una creación lenta de empleo formal, los incrementos de doble dígito del salario mínimo desde 2018 y una reducción gradual de la jornada laboral a partir de 2027, los riesgos al alza para la inflación aumentan.En nuestra evaluación, los incrementos previos del salario mínimo no se tradujeron en un impulsor claro de inflación, pero las condiciones podrían cambiar conforme se acumulan presiones, dado el nivel alcanzado, la debilidad del crecimiento y la productividad estancada, en gran parte asociada al peso de la informalidad. La reducción de horas laborales desde 2027 será especialmente relevante en un mercado ya ajustado. Adicionalmente, en 2026 también se incorporan presiones de costos por aranceles aplicados a países sin tratados de libre comercio.Este conjunto de factores sugiere que las presiones de precios al productor podrían trasladarse con mayor claridad al consumidor una vez que la brecha negativa del producto continúe cerrándose y, posteriormente, cuando empiece la reducción de horas laborales. En otras palabras, consideramos que el traspaso de presiones de costos del mercado laboral hacia los precios al consumidor puede ser, en buena medida, una cuestión de tiempo. ¿Por qué proyectamos una tasa de política monetaria de 6.5% al cierre de 2026 y 2027?Banxico realizó dos recortes de 25 puntos base en la primera mitad de 2026 (marzo y mayo), llevando la tasa de referencia a 6.5%. En su decisión más reciente, el banco central reiteró que estima apropiado mantener la tasa en su nivel actual, lo que sugiere un periodo más prolongado sin cambios, dado que no vemos catalizadores inmediatos para moverla en alguna dirección. En un entorno en el que otros bancos centrales se muestran más cautelosos, Banxico adopta una postura más neutral.Al mismo tiempo, no anticipamos que Banxico contemple alzas como una opción real en el corto plazo, ya que variables como crecimiento y desempeño del peso compensan, en parte, las preocupaciones inflacionarias. Por ello, estimamos que el mercado podría ajustar expectativas de alza que hoy están incorporadas en la curva. ¿Por qué los escenarios de tasas en Estados Unidos se han vuelto más relevantes para México?El banco central de México, Banxico, anunciará su quinta decisión de política monetaria de 2026 el 6 de agosto. Esperamos una decisión unánime de mantener sin cambios la tasa de referencia en 6,5%. Este posible resultado estaría en línea con las previsiones de consenso y con lo que el mercado ya descuenta.En otras circunstancias, factores como una inflación de 3.1% anual en la primera quincena de julio, una brecha del producto que sigue siendo negativa y un MXN resiliente podrían haber dado lugar a un tono más dovish. Sin embargo, el creciente debate sobre posibles subidas de tasas en Estados Unidos y un panorama de inflación aún desafiante en México son consideraciones suficientemente relevantes como para mantener un tono cauteloso.La mayor incertidumbre en torno a las tasas en Estados Unidos y los persistentes riesgos al alza para la inflación sugieren que mantener la tasa de política sin cambios en 6.5% hasta contar con mayor visibilidad sigue siendo la preferencia más probable de Banxico. Así, los escenarios de tasas en Estados Unidos podrían ganar relevancia para la tasa de política monetaria en México.Nuestros economistas en Estados Unidos mantienen su proyección —sostenida desde hace tiempo— de que el FOMC conservará un rango objetivo para la tasa de fondos federales estable de 3.50%–3.75% durante 2026 y 2027. No obstante, es evidente que los responsables de política de la Fed están manteniendo un debate sólido sobre los factores que impulsan la inflación y la posible necesidad de subidas de tasas. ¿Por qué pensamos que es más probable un recorte que un alza?A partir de la lógica anterior, en HSBC consideramos que se podrían buscar oportunidades para recortar un poco más la tasa de interés, sobre todo en un contexto en el cual la inflación ha mejorado en el corto plazo, el crecimiento continúa relativamente débil (a pesar de la sorpresa en el 2T) y el MXN se mantiene resiliente.Una vez que se estabilice la discusión de tasas en Estados Unidos y se tenga más visibilidad en ese sentido, la atención en variables internas podría ganar relevancia nuevamente. En este marco, harían falta nuevas sorpresas a la baja en inflación para empezar a discutir uno o dos recortes adicionales. Por lo mismo, una inflación menor a la esperada es el principal riesgo a la baja para nuestro pronóstico de tasa de política monetaria de 6.5% al cierre de 2026 y también al cierre de 2027. En conclusión, consideramos que Banxico podría buscar oportunidades para recortar más en 2027, si el comportamiento de la inflación y el entorno externo lo permiten. ¿Qué deberían vigilar los inversionistas en el Programa Económico 2027?Del lado fiscal, en HSBC observamos que los riesgos están aumentando. Anticipamos déficits más amplios que, en combinación con un crecimiento del PIB menor a lo esperado, podrían provocar un aumento pronunciado de la deuda como proporción del PIB en 2026 y 2027.La presentación de la propuesta del Paquete Económico 2027, que se hará el 8 de septiembre será fundamental para tener más visibilidad en este tema. En HSBC consideramos que los supuestos iniciales —económicos y fiscales— en los Pre-Criterios Generales de Política Económica (presentados en abril 2026) fueron relativamente optimistas frente a nuestras previsiones y las del mercado. Esto abre la puerta a que varias variables fiscales queden por debajo de lo planeado si los datos económicos vuelven a decepcionar. De hecho, anticipamos pocos cambios en variables clave como los pronósticos de crecimiento, inflación y tasa de política monetaria dentro de la propuesta de septiembre, lo que incrementa el riesgo de desviaciones posteriores.Si este escenario se confirma, los riesgos fiscales podrían deteriorarse aún más, con déficits superiores a lo previsto. Por ello, para los mercados será fundamental monitorear si hay ajustes al marco económico que resulten en una postura fiscal más prudente. Desde nuestra perspectiva, esto será determinante para la credibilidad y viabilidad del Programa Económico 2027. En última instancia, los planes de consolidación fiscal dependen en gran medida del presupuesto; por lo tanto, en un contexto de déficits persistentes y una trayectoria creciente de deuda/PIB, el Programa Económico 2027 podría convertirse en una prueba clave para la confianza del mercado. ¿Cuáles son nuestras principales previsiones económicas para México?Nuestras previsiones centrales incorporan un crecimiento moderado, una inflación que se mantiene por encima de 4% hacia finales de 2026 y 2027, una tasa de referencia estable y un tipo de cambio relativamente resiliente.  En términos de crecimiento, estimamos que el PIB aumente 1.0% en 2026 y 2.0% en 2027.Finalmente, estimamos un tipo de cambio de 17.75 al cierre de 2026 y para la tasa de política monetaria, proyectamos 6.5% al cierre de 2026, manteniéndose en 6.5% también al cierre de 2027.

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